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¿De qué hablamos cuando hablamos de capital riesgo?

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Publicado el 21 de septiembre de 2017 a las 07:00 por Bankia

La inversión de capital riesgo crece en España a buen ritmo. ¿Sabes qué es y cómo está regulada esta actividad? ¿Cuánto dinero mueve? ¿Por qué ahora se habla de capital privado? ¡Adelante con las respuestas!  

¿Qué es?

Como cualquier producto financiero, la definición, tipología, características y actividad del capital riesgo están reguladas por el Estado. En este caso, por la Ley 22/2014 relativa a la inversión colectiva de tipo cerrado, categoría a la que pertenece.

Teniendo estos detalles en cuenta, el capital riesgo podría definirse como "aquellas estrategias de inversión que canalizan financiación de forma directa o indirecta a empresas, maximizan su valor generando gestión y asesoramiento profesional y desinvierten en la misma con el objetivo de aportar elevadas plusvalías para los inversores".

Es decir: el inversor no tiene interés en mantener a largo plazo su participación en las compañías que financia, pero aporta capital, normalmente en las primeras fases de la empresa, para que ésta avance y se revalorice. Son inversiones con elevado potencial y riesgo.

¿Quién invierte?

No son inversiones para todos ya que pueden obtener unos cuantiosos beneficios, pero también pueden terminar con importantes pérdidas. Eso tiene un nombre: riesgo.

Por eso, este tipo de inversiones no son aconsejables para quienes busquen seguridad, sino para aquellas personas que tienen la suficiente solvencia para afrontar sin consecuencias la pérdida de toda la inversión.

Porque eso también puede pasar: "Los inversores en startup suelen tener una cartera bien diversificada en la que, por norma general, de 10 proyectos financiados tan solo uno o dos obtienen retornos muy elevados, entre dos y cuatro les reembolsan lo invertido y el resto son pérdidas", señalan en Expansión.

Una actividad al alza

De acuerdo con el informe 2017 sobre el sector de la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri), "el volumen de la inversión superó los 3.619,7 millones de euros en 2016 repartidos en 603 inversiones (un 33,6% más en volumen y un 4% más en número de inversiones respecto al año anterior)".

¿El origen? El 72% del total del capital invertido procedía de fondos internacionales, lo que supone una importante atracción de capital. ¿El destino? Principalmente Hostelería y Ocio (25,7%), seguido por Productos de Consumo y Comunicaciones (en torno al 10%). 

Empresas en expansión

En el citado informe de Ascri se pueden encontrar algunas de las operaciones más significativas del ejercicio 2016, que dan buena muestra de qué clase de empresas busca el capital riesgo: Providence invirtió 200 millones en la operadora MásMóvil y el fondo Intermediate Capital Group compró el grupo industrial Garnica.

Estas son inversiones llamativas por el volumen de dinero que mueven y porque las empresas adquiridas ya tienen una posición importante en el mercado. Pero en realidad el capital riesgo se fija en compañías de todos los tamaños y fases de desarrollo: desde las de semilla y arranque (que se ajustaría al término anglosajón de venture capital) hasta las ya consolidadas (private equity).

Para comprender el riesgo que implican estas inversiones, vayamos a un ejemplo opuesto a los de MásMóvil y Garnica: la reciente noticia del fracaso de Jinn, una app de reparto a domicilio con sede en Londres y raíces españolas que ha despedido a toda su plantilla pese a que logró 20 millones de financiación.

Convulsión léxica

El hecho de que este tipo de actividad inversora lleve incluido en su nombre la palabra ‘riesgo', con todo lo que ello implica, ha llevado a Ascri, entidad que agrupa al sector, a tratar de rebautizarla.

"Tras 30 años denominando al sector como capital riesgo, en la última Asamblea General de Ascri, se aprobó cambiar la forma de llamar a nuestro sector para denominarlo capital privado y suprimir la palabra riesgo del mismo por no representar fielmente la actividad".

Se le llame capital riesgo o capital privado, el uso que del concepto se hace en España (incluso en términos legales) abarca dos ramas que en el mundo anglosajón sí que están separadas. De acuerdo con la explicación del economista Mario Cantalapiedra, esta diferencia tiene que ver con la fase de expansión en que se encuentra la empresa en que se invierte:

  • Venture capital: la empresa estaría en sus primeras fases de desarrollo, "donde la incertidumbre sobre la marcha del futuro negocio es mayor". A su vez se divide en dos: capital semilla (antes del nacimiento) y capital de arranque (financia el establecimiento y puesta en marcha).
  • Private equity: se invierte en empresas consolidadas o en fase de crecimiento y, por tanto, tiene un riesgo menor. Este bloque, a su vez, se divide en capital expansión (nuevos productos o mercados), compra apalancada (los inversores incorporan a la operación su propio capital pero también de entidades financieras), sustitución (cambia un inversor por otro) y reorientación (si la empresa no termina de despegar se busca un nuevo plan de negocio).

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