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Sensación térmica

Estudios y análisis

05/12/2019

Muchas veces la economía se parece a la climatología en que una cosa es la temperatura real y otra la sensación térmica. Con una “temperatura” sin muchos cambios en los últimos meses, la sensación sobre la situación económica ha ido mejorando desde el verano, como refleja la estabilización de las expectativas de los agentes y el buen comportamiento de los mercados financieros.

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Paises instituciones y organizaciones

Paises instituciones y organizaciones

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

En general, parece que el ciclo de actividad se está estabilizando en buena parte de la OCDE, pero habrá que esperar hasta el primer trimestre del año que viene para ver mejoras significativas y, por tanto, confirmar las buenas sensaciones. Alguien puede pensar que la base no es especialmente sólida, pues buena parte del renovado optimismo viene de la mano de la evolución de las negociaciones arancelarias y de la efectividad de la nueva ronda de flexibilización monetaria. Respecto al primer factor, esta semana hemos tenido una nueva ronda de noticias no especialmente esperanzadoras, pues EEUU amenaza con establecer aranceles a las importaciones de aluminio y acero procedentes de Brasil y Argentina, a la vez que compensar la "tasa Google" aplicada por Francia, con impuestos a productos franceses por valor de 2.400 millones. En el otro lado de la balanza, una vez superado el 13 de noviembre, no hay noticias sobre el sector del automóvil. Por su parte, los efectos de las bajadas de tipos de interés que se han realizado desde el verano no se percibirán en la actividad hasta, por lo menos, el próximo trimestre. Quizás, lo más importante de cara al medio plazo será la revisión de la estrategia de la política monetaria que están realizando tanto el BCE (por primera vez desde 2003), como la FED. Algo que puede afectar al objetivo de inflación, no tanto en su cuantificación (probablemente permanecerá en la zona del 2%), como en la posibilidad de compensar desviaciones acumuladas en uno u otro sentido y que traducido al lenguaje común significa que los bancos centrales no tendrán prisa por endurecer la política monetaria.

En el caso de la economía española, la volatilidad y el ruido son si cabe más elevados, ante la difusa fotografía que nos han dejado los últimos cambios en la Contabilidad Nacional o la nueva ley hipotecaria. En este sentido, cobran una elevada importancia los datos mensuales de afiliación para afinar el diagnóstico sobre la situación económica. La valoración del dato de noviembre es algo más negativa que en meses anteriores, pues la caída del empleo es la mayor en el mismo mes desde 2013 (-53.114 afiliados) y el dato ajustado de estacionalidad es el más bajo de los últimos tres meses (+30.610 empleos). Eso sí, dentro de una inercia que continúa siendo positiva, pues en los últimos 12 meses el empleo aumentó en 431.000 personas (+2,3). Con los datos de octubre y noviembre, el empleo podría cerrar el trimestre con crecimientos del 0,5%, por encima del ritmo registrado en verano (0,3%), lo que anticiparía un crecimiento de la actividad próximo al 0,4%, confirmando la sensación de estabilización de la economía española después de la desaceleración que se ha producido desde principios de 2018.

Más negativos son los datos del Informe Pisa pues, con todas las dudas que puedan ofrecer algunos aspectos de la prueba, sigue siendo negativa la evolución de las competencias matemáticas o de ciencias de nuestros alumnos de 15 años. Los tres aspectos a destacar de la prueba son: 1) seguimos por debajo de la media de la OCDE; 2) la inercia es hacia un empeoramiento de los resultados; y 3) cada vez son mayores las desigualdades educativas entre regiones españolas (llegan a equivaler a tres años de enseñanza en algunas materias), lo que no anticipa una reducción de las divergencias estructurales existentes en la actualidad. Todo ello, dentro de una tendencia generalizada de empeoramiento de los resultados en los países más avanzados, pese a un aumento de la inversión por estudiante de casi el 15% en los últimos 10 años. Deberíamos reconocer que tenemos un problema educativo y una clara necesidad de adaptar las competencias de nuestros jóvenes a los cambios estructurales que ya estamos afrontando en el mercado de trabajo. Sobre todo, si pensamos que la productividad es uno de los grandes problemas de la economía española.

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