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Riesgo de contagio

Estudios y análisis

24/01/2020

Esta semana el FMI advertía de las "luces y sombras" del contexto económico global, algo no muy diferente al diagnóstico de Christine Lagarde en la rueda de prensa mensual del BCE. Sólo el título del Informe “¿Tenue estabilización, lenta recuperación?” refleja la situación de la economía mundial, entre el optimismo que supone crecer 4 décimas más este año, si se cumple la previsión (3,3% frente al 2,9% de 2019), y la ducha fría de realidad que supone la revisión a la baja de los pronósticos para este año (-0,1%) y el que viene (-0,2%), respecto a los realizados hace tres meses. La noticia más positiva sigue siendo la “resiliencia” del ciclo de actividad frente al aumento del riesgo geopolítico, centrada en la fortaleza del consumo y sector servicios en buena parte de la OCDE y en el activismo de los bancos centrales.

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Comentario macro riesgo de contagio

Comentario macro riesgo de contagio

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

De hecho, el primer foco importante de inestabilidad del año (conflicto entre EEUU e Irán), de momento, parece haber sido digerido por los inversores sin mayores contratiempos y, de hecho, la correa de transmisión de cualquier aumento de las tensiones en Oriente Medio (precio del petróleo) acumula una caída en el año del 7%, hasta los 61,6 dólares por barril, después de haber tocado los 70 dólares a principios de año.

Pero, sin solución de continuidad, ya tenemos otro foco de riesgo abierto, con la propagación de un virus en China que recuerda al brote de epidemia SARS que se produjo a principios del año 2003. Hay que recordar que este tipo de crisis sanitarias tienen efecto en la economía a través de dos canales: i) los movimientos de bienes, servicios y personas; y ii) las expectativas y su influencia en las decisiones de inversión, ahorro y consumo. Las pérdidas asociadas al SARS se estimaron en su momento en torno a 40 m.m. de dólares o el 0,1% del crecimiento mundial, aunque en el área directamente afectada (China y Hong-Kong) el coste fue significativamente mayor (entre el 1% y el 2% del PIB). Evidentemente, no es lo mismo un ajuste del 1% en la actividad cuando creces a ritmos cercanos al 10% (China en 2003) que cuando lo haces por debajo del 6% (China en la actualidad) y con mucha más importancia relativa del consumo.

De momento, aunque no se pueden despreciar los efectos de un "shock" de este tipo, es demasiado pronto para hacer valoraciones, aunque es verdad que la coincidencia con el "año nuevo chino" complica el análisis. Todo dependerá de la intensidad del brote de la epidemia (hasta el momento la tasa de mortalidad es un tercio de la del SARS), de la eficiencia de las medidas sanitarias del gobierno chino (se ha aislado a 41 millones personas y anunciado la construcción de un hospital en Wuhan) y de la política de comunicación y, por tanto, de la transparencia de las autoridades. Los sectores potencialmente más afectados pueden ser turismo, hostelería, transporte, comercio minorista y el mercado de lujo. Por su parte, los mercados de renta variable en China han reaccionado con caídas algo superiores al 4%.

En el otro lado de la ecuación, el FMI ha reconocido que el efecto del estímulo monetario puesto en marcha por los bancos centrales el año pasado podría acercarse al medio punto porcentual de crecimiento. En este contexto, el principal mensaje que lanzó Lagarde el jueves pasado es que la revisión estratégica de la política monetaria será amplia y ambiciosa, afectando desde al objetivo, hasta a la política de comunicación, partiendo de la base de que el BCE no puede operar como en 2003. Es decir, el mundo y las dinámicas económicas no son las mismas y el BCE ha tenido que improvisar para responder a los desafíos de los últimos años. La duda es si la ambición de adaptarse a la nueva realidad económica es compatible con alcanzar el consenso necesario dentro del Consejo del BCE. Porque, para no pecar de ingenuidad, la clave va a estar en la nueva definición del objetivo de inflación y, ahora mismo, no parece fácil llegar a un acuerdo entre las diferentes facciones en el seno del BCE. Teniendo en cuenta, además, que en las últimas encuestas entre ciudadanos europeos "la sensación de inflación" es muy superior a la que refleja el IPCA. Esta revisión debería estar finalizada en diciembre y, de momento, lo que parece claro es que en 2020 la probabilidad de cambios en los tipos de interés o en el QE es muy baja.

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