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Mi rentabilidad ha sido negativa en 2018, ¿qué hago ahora?

Tiempo de lectura: 6 minutos

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Rentabilidad negativa

Publicado el 10 de diciembre de 2018 a las 07:00 por Ignacio Ezquiaga

El año 2018 tiene un triste récord: la proporción de clases de activos con rentabilidad negativa es del 90% a escala global, la mayor desde 1901 y uno de los escasos años en que algo parecido ha ocurrido en este largo período de más de 100 años. Exactamente lo contrario que en 2017.

En general, las carteras de todos los perfiles, sea cual sea la entidad gestora y, aunque estén muy bien diversificadas, están en terreno negativo en este año.

Las rentabilidades de los fondos de inversión son este año negativas en un 96% de los casos, según datos de Inverco. En toda la zona Euro ocurre algo parecido.

Se trata de una situación excepcional, fundamentalmente, por dos razones:

  • La realidad del año ha contrastado con las perspectivas que dominaban en su inicio. Recuérdese el muy positivo mes de enero. Ha sido la evolución geopolítica del mundo, antes que la evolución de la economía, lo que ha hecho que los mercados caigan.
  • Y han caído todos: renta variable, deuda pública, crédito, y en todas las geografías. Esto ha sido particularmente complicado para los inversores y ahorradores de la zona euro, cuyos tipos de interés a corto y a medio plazo están en negativo desde hace tiempo, en contraste con los de EE.UU, por ejemplo.

¿Tienen fundamento las caídas?

La realidad de las economías sigue siendo positiva, no muy distinta de la que se preveía al final del pasado año: crecimientos positivos y moderados como parte de un ciclo expansivo largo y (quizá gracias a ser) limitado en intensidad. Sin embargo, el juego geopolítico ha generado tal incertidumbre en todas las clases de activos que el resultado negativo ha sido generalizado en todos los mercados.

Recordemos los elementos de este juego:

  • La guerra comercial impulsada por la presidencia de EE.UU: después de un primer año de amenazas que los mercados no parecían creer, ocupados en celebrar el paralelo alivio fiscal para las empresas, los aranceles vuelven al mundo (han impactado ya en 0,2-0,3 puntos porcentuales el crecimiento global en 2018) y amenazan la globalización y el modelo de negocio de las cadenas de valor globales. El principal damnificado, de momento, es China (caída del 20% de sus bolsas) pero, sin duda, esta amenaza está detrás de las caídas en el resto del mundo.
  • Los cambios políticos en Europa, con nuevas mayorías, sesgos populistas y escaso espíritu de construcción europea: el Brexit, las discusiones sobre las fronteras de la UE, las divergencias sobre la necesidad de "más Europa" entre los diferentes países, el final de la era Merkel en Alemania y, sobre todo, también en la zona Euro, el caso de Italia. Justo lo contrario de lo que necesita el Euro para superar definitivamente la crisis todavía reciente y actuar con fuerza en el nuevo juego geopolítico.
  • La asimetría en los procesos de normalización monetaria entre EE.UU -terminando-y la zona Euro -en sus inicios- ha sido un generador de desconfianza en los mercados: en el dólar, por los temores a que la Fed fuera un paso más allá de la pura normalización y frenara el dinámico crecimiento de 2018 y en el Euro, por interpretarse su retraso como una soterrada debilidad en los fundamentos.
  • Inestabilidad en los países emergentes: solo Rusia y Brasil han tenido un buen año. América Latina y China, por diferentes razones, han sufrido profundamente.

No hay pues fundamento económico en las caídas de los mercados. Ha sido la incertidumbre geopolítica el origen de las caídas. Y éstas han sido muy fuertes.

 

¿Continuarán las caídas?

Como siempre, hay dos teorías:

  • Las caídas de 2018 --en torno al 11% en Europa, más moderadas en EE.UU, terribles en China--, son correcciones con origen en las primas de riesgo que usan los mercados para formar sus precios, es decir, causadas por la incertidumbre y no por nuevas evidencias reales. Estas primas se mantendrán altas en el escenario económico de desaceleración que se va configurando para los próximos años, pero ya han surtido sus efectos con las propias caídas de este año. A partir de aquí habrá recuperación desde mínimos, si se clarifica el entorno geopolítico.
  • Aunque las primas y la incertidumbre estén en el origen de las caídas, no hacen sino advertir de nuevos peligros, de una gran desaceleración e incluso de un cambio de ciclo en la economía. La profecía autocumplida.

Nosotros estamos en la primera teoría, pero el nivel de incertidumbre, de ruido geopolítico, es muy alto y nos ha llevado a la máxima cautela: a carteras neutrales, con un cierto sesgo -más recientemente-- en favor de los mercados en EEUU -renta fija y algo también de renta variable-. Las caídas de este año han sido tan fuertes que cabría interpretar que ya descuentan una parte del escenario de la segunda teoría. Atentos pues a la recuperación, si se confirma, como pensamos, la primera interpretación.

¿Y mi rentabilidad?

En esta situación de rentabilidades negativas generalizadas, hay que recordar, no obstante, que las rentabilidades de cada inversor individual son percibidas y juzgadas por éstos, de acuerdo con sus condiciones particulares.

  • La confianza del inversor en la profesionalidad de sus gestores:

    En primer lugar, la confianza en los instrumentos que invierte: su posición relativa respecto a otros instrumentos comparables, la consistencia, la transparencia.

    En segundo lugar, la calidad del asesoramiento que recibe: información, explicaciones, iniciativas, propuestas, apoyo a sus decisiones, regularidad del contacto, etc.
  • Invertir o ahorrar para un objetivo (la jubilación, los estudios de los hijos, la vivienda o el colchón de seguridad) requiere una visión de horizonte temporal coherente con el objetivo: hay que contemplar las rentabilidades en un contexto amplio. Así, dejarse influir por las rentabilidades negativas a corto plazo para tomar decisiones de desinversión o de traspaso a instrumentos con menos volatilidad cuando los mercados están bajos -o han caído mucho- puede ser catastrófico para la rentabilidad final, pues cuando llegue la recuperación en el futuro no podrá aprovecharse plenamente.

Por otra parte, el inversor puede hacer mucho por mejorar sus rentabilidades si se enfrenta a la situación con inteligencia, gestionando el momento de inversión. Destacamos tres elementos importantes en esta respuesta:

  • Con frecuencia, el proceso ahorro-inversión requiere la inversión continua de los ahorros generados con el tiempo. La elección del momento en que invertir depende únicamente del inversor y es uno de los condicionantes más claros de la rentabilidad.
  • Por ejemplo, invertir regularmente conforme se generan, en el tiempo, recursos disponibles: es una regla automática que permite hacer medias y no jugárselo todo a una sola carta en un único momento.
  • Resistir al impulso irracional de huir del mercado cuando éste ha caído y comprar cuando los precios están bajos, es decir, después de las grandes correcciones, como ahora: la incertidumbre sigue siendo muy alta pero los fondos o carteras de todos los perfiles han caído fuertemente, reflejando las caídas en las bolsas o en el crédito. En realidad, lo que ha caído fuertemente tiene más probabilidades de recuperación que de seguir subiendo lo que lleva haciéndolo mucho tiempo o con mucha intensidad.

 

  Conclusiones

Los mercados han sido muy complicados a lo largo de todo el año y lo normal es que los clientes -los nuestros y los de todas las instituciones-acaben este año en negativo. En este entorno, lo diferencial es ofrecer el mejor servicio:

  • Desde las gestoras, las mejores posiciones relativas en cada tipo de activo y la consistencia en el tiempo.
  • Desde los asesores, ofreciendo explicaciones e ideas a unos clientes que, con sus propias decisiones, pueden hacer mucho por mejorar su propia rentabilidad, incluso en el peor escenario imaginable.

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1 comentario

10 de diciembre de 2018 a las 19:14Sebastian Redondo
Efectivamente, 2018 ha sido un año donde no ha habido rentabilidad positiva en casi ningún activo y/o estilo de gestión, algo que ha ocurrido solo dos veces en los últimos 50 años: en los episodios de estanflación de los años 70 (años donde no había crecimiento económico pero sí inflación por los elevados precios de la energía) y en la crisis financiera de 2008. Es de esperar que en 2019 se produzca cierta reversión a la media y que la diversificación por clases de activos y/o por estilos de gestión vuelva a entregar rentabilidades positivas.
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