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¿Podemos ser algo más optimistas?

Estudios y análisis

08/11/2019

Si a finales del verano se descontaban los peores escenarios de crecimiento de la economía mundial para 2020, pues la frágil tendencia de desaceleración sincronizada se veía amenazada por un Brexit duro o una nueva vuelta de tuerca en la guerra arancelaria, ahora parece que los ánimos se van tranquilizando.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Paises instituciones y organizaciones

Paises instituciones y organizaciones

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

Tanto por la solidez que sigue mostrando la economía americana (subida en los ISM y buen comportamiento del mercado de trabajo), como por la aparición de rayos de esperanza en las negociaciones entre China y EEUU. Sólo hay que repasar las revalorizaciones en bolsa del último mes (entre el 4% y el 6% según mercados), con nuevos máximos históricos en EEUU y, las subidas de rentabilidades en la deuda pública, para percibir este cambio de sentimiento. La guerra comercial entre China y EEUU va a ser la clave hasta finales de año y las noticias son esperanzadoras, pues esta semana se ha ido filtrando información que anticiparía un posible desmantelamiento arancelario parcial por fases durante los próximos trimestres, escenario que mejoraría el de congelación de los aranceles en sus niveles actuales (el mejor que se barajaba en las últimas semanas). En este contexto, la apreciación del yuan de las últimas sesiones es también una buena señal.

Probablemente estamos sólo ante una pausa en un conflicto que se alargará en el tiempo, pero a corto plazo todo el mundo saldrá beneficiado, teniendo en cuenta el deterioro que se empezaba a percibir en los indicadores de actividad y, sobre todo, en los intercambios comerciales mundiales. Y, si se despeja la incertidumbre, podemos ver sorpresas positivas en los datos de inversión, pues muchos proyectos se habían quedado en el cajón, ante la incertidumbre sobre el futuro de las cadenas de valor. Si se confirma este escenario, la descompresión de las tensiones llegaría hasta las elecciones presidenciales americanas del año próximo. Y, junto a los efectos de las bajadas de tipos realizadas por el 65% de los bancos centrales en la OCDE en los últimos meses, podrían estabilizar el crecimiento de los países más importantes del mundo cerca de los ritmos potenciales.

Lo que también está cambiando es la percepción sobre los próximos movimientos de los bancos centrales, ahora prácticamente no se esperan recortes adicionales por parte del BCE, frente a las dos bajadas que se descontaban hace unas semanas y eso se está trasladando a toda la curva de tipos de interés, con especial mención a la subida de 13 puntos básicos en el euribor a 12 meses desde los mínimos de agosto y el fuerte repunte de rentabilidades en la deuda pública europea en la sesión del jueves (entre 10 puntos básicos de Alemania y 16 puntos básicos de Italia). También parece que la FED está en modo pausa después de las bajadas preventivas de "mitad de ciclo" (veremos como se lo toma el inquilino de la Casa Blanca).

En este contexto, la publicación de las previsiones de otoño de la Comisión Europea no presenta muchas novedades. Como se esperaba, se rebaja la previsión de crecimiento de la UEM, tanto para 2019 (del 1,2% al 1,1%), como para 2020 (del 1,5% al 1,2%), muy lejos del crecimiento del 2,5% en 2017. La noticia positiva es que la Comisión también confía en una estabilización de la actividad el año próximo, basada en una mejora del crecimiento en Alemania, desde el 0,4% este año hasta el 1% en 2020. Es decir, o bien se espera una recuperación del sector industrial cuyos datos volvieron a ser muy flojos esta semana, o se confía en algún tipo de estímulo fiscal. Para España se recorta la previsión de crecimiento del PIB en cuatro décimas tanto este año (1,9%), como el próximo (1,5%), aunque la mitad de esa corrección se debe a las revisiones de la Contabilidad Nacional. Después de la fuerte caída de la aportación de la demanda nacional al crecimiento de este año (de 2,4 a 1,3 puntos porcentuales) se espera una estabilización que vendría de la mano de cierta recuperación de la inversión y del consumo, aunque este último seguirá creciendo por debajo de la renta bruta disponible y, por tanto, la tasa de ahorro seguirá aumentando. La Comisión estima un crecimiento potencial para nuestro país del 1,4% (similar al de la UEM y al de Alemania) que coincidiría con la previsión de crecimiento del PIB de España para 2021. Finalmente y, de cara a la discusión abierta sobre la posibilidad de flexibilizar la política fiscal en Europa, la Comisión estima superávits públicos estructurales en Alemania (1,1%), Holanda (0,7%), Dinamarca (0,9%) o Suecia (0,5%), precisamente los más reticentes a emplear su margen fiscal, pese a tener todos ellos ratios de la deuda pública inferiores al 60%.             

Por tanto, tras ver las orejas al lobo, en forma de un desplome de las expectativas en los meses de verano, parecen que se empiezan a poner medidas encima de la mesa para intentar alargar esta fase de madurez del ciclo. Veremos si con ello se puede revertir el daño causado desde principios de 2018.

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