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Pedaleando hacia la transición energética

Cultura de banca

19/04/2018

La temperatura del planeta ha aumentado 1,1 grados con respecto a la época preindustrial por efecto de la acumulación de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono. Actualmente la concentración de este gas en la atmósfera terrestre está por encima de 400 ppm (partes por millón) y sigue creciendo. La última vez que la Tierra tuvo tal cantidad fue hace 66 millones de años, cuando el hombre ni siquiera existía, reinaban los dinosaurios, los polos no estaban helados y el planeta era una selva húmeda. Antes de Revolución Industrial los niveles eran de 280 ppm. 

Tiempo de lectura: 4 minutos

Día mundial de la bici

Día mundial de la bici

América Valenzuela

Periodista y divulgadora científica

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El calentamiento global está cambiando el clima. Olas de calor extremas, inundaciones, incendios, cielos negros de polución, islas engullidas por el océano y alteraciones en los patrones habituales de cultivo son algunos de los cambios que estamos notando ya.

Frenar las emisiones supone una prioridad para algunos países. Quizá la razón sea la conciencia social o el compromiso político con el medioambiente o quizá se reduzca a una estrategia para mejorar ciertas relaciones internacionales. Por el motivo que sea, España se está preparando para cumplir los compromisos europeos con el Acuerdo de París.

Los compromisos climáticos del Acuerdo de París para 2030 incluyen la reducción de emisiones del 26% respecto a 2005 en sectores no industriales, un 27% de energía final consumida procedente de fuentes limpias y un 30% de ahorro energético. Para lograrlo la Comisión de Expertos en Transición Energética del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, ha propuesto un proyecto que pasa por modificar la fiscalidad, apostar por las renovables y reformar la movilidad. Ha calificado el reto de “colosal”. 

El transporte es uno de los sectores que hay que modificar profundamente. Es responsable de la cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano; emite el 23% del dióxido de carbono que está asfixiando nuestras ciudades y calentando el planeta. El 95% de estas emisiones son producidas por los vehículos terrestres. En España, en 2015 (últimas cifras disponibles) el transporte emitió un total de 83,4 millones de toneladas de CO2, lo que representa un 24,8% de las emisiones brutas. La práctica totalidad (99,6%) provienen del uso de fuel líquido, según el reciente informe de la Comisión, ‘Análisis y propuestas para la descarbonización’, que servirá de base para la elaboración del proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

La movilidad en las ciudades es uno de los mayores retos. En 2050 seremos más de 9.000 millones de personas en el mundo y el 70% vivirá en las urbes. Por eso, mientras va tomando forma el nuevo de modelo energético, se están fomentando pequeños cambios en las costumbres del ciudadano a la hora de desplazarse. No son pocas las alternativas verdes. Podemos ir a pie, en bicicleta, en transporte público, en coche eléctrico o en coche compartido.  

La bicicleta, la alternativa más sostenible

Hoy es el Día Mundial de la Bicicleta y quiero resaltar que en España la bicicleta es la alternativa sostenible que más éxito está teniendo entre los ciudadanos. Tanto, que además de los servicios municipales, han aumentado sus ventas, sobre todo las eléctricas. Las ventas de bicis eléctricas y de carretera han crecido un 64% y 20%, respectivamente, de acuerdo con el informe anual ‘El sector de la bicicleta en cifras 2016’, de la Asociación de Marcas y Bicicletas de España.

Renovar la flota de coches es otro punto clave. El 65% de la flota española es diésel. Deberían primar los vehículos eléctricos e híbridos. Reducir el número de vehículos también es una opción necesaria. La media de vehículos por kilómetro cuadrado en Europa es de unos 1.200 turismos. Ámsterdam tiene 1.000, Londres, Roma y Berlín algunos cientos más. Las ciudades españolas tienen el doble. En Madrid hay casi un millón y medio de coches matriculados. Son unos 2.100 vehículos por kilómetro cuadrado.

A la vez, la creación de zonas de bajas emisiones impulsaría el cambio de mentalidad de la población y también disminuiría la polución, sobre todo las partículas en suspensión. Ya existen en casi 230 ciudades de Europa, más de 40 italianas. Los coches llevan etiquetas que los catalogan en función de su capacidad de contaminar y se da prioridad a los que emiten menos contaminación. 

Un necesario cambio de fiscalidad

Un cambio en la fiscalidad es imprescindible para facilitar la transición hacia un país limpio. Los expertos consideran en su informe que España tendría que sustituir los impuestos actuales por otros que tengan en cuenta los daños ambientales que provocan la generación o el consumo de esa energía. Su recaudación se destinaría a financiar los sobrecostes que están recayendo sobre el consumidor. Para ello apuestan por subir los gravámenes al diésel y la gasolina. También crear una tasa al CO2 y otra para los 3 los contaminantes atmosféricos más dañinos: dióxido de nitrógeno, las micropartículas y dióxido de azufre.

Otra medida barajada es eliminar de la factura el impuesto de generación eléctrica (que es del 7%) y el de electricidad finalista (ronda el 4,5%) y a suprimir los sobrecostes incluidos en los peajes actuales (las primas a las renovables). Esos sobrecostes se pagarían vía Presupuestos Generales, con los ingresos recaudados por los nuevos impuestos ambientales. Estas medidas impulsarían el autoconsumo al eliminar el impuesto al sol y abaratarían el recibo de la luz.

Estos son los primeros pedaleos hacia un futuro sostenible, hacia un país consciente de la importancia de preservar los recursos y que cuida y valora la producción de la energía.

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3 comentarios

23 de abril de 2018 a las 08:29ALBERTO BARBA
Estimada América. Ojalá desde la educación infantil y primaria se pudiera enseñar a compartir la ciudad con peatones, ciclistas y demás seres que viajan en coche. Es una auténtica lástima ver cómo está muy poco penalizado el que se atropelle y/o se mate a un ciclista. Se podrían cambiar tantas cosas... Un saludo.
24 de abril de 2018 a las 13:30América Valenzuela
Aún queda mucho por hacer, pero avanzamos paso a paso. Un abrazo.
19 de abril de 2018 a las 16:28Nuria
La transformación energética no sólo es necesaria para el medio ambiente, sino que también puede ser una oportunidad para la economía, impulsando nuevas inversiones y empleos. No se puede confiar en que el cambio proceda de la “buena” conciencia social y/o política; es necesario que los precios de los bienes y servicios incorporen plenamente los “costes medioambientales”. Al final son las señales de los precios las que guían a la demanda y permiten una eficiente y sostenible asignación de los recursos.

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