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No firmes un contrato de alquiler sin haber leído esto antes

Cultura de banca

06/02/2017

La firma del contrato de alquiler de una vivienda es el comienzo de una nueva vida. Pero para que la alegría de ese importante momento dure, hay que hacer bien una serie de cosas antes de estampar tu rúbrica. Te damos las claves para acertar.

Contrato alquiler

Contrato alquiler

Revisar a fondo el inmueble

Una visita permite hacerse una idea de las características del inmueble. Y muchas veces, las prisas por la posibilidad de que alguien se te adelante pueden llevarte a una decisión precipitada. No basta con fijarse en la orientación, el número de baños y lo razonablemente bonito que se vea o si tiene ascensor. Esa es la parte emocional con la que nos ilusionamos.

Pero la parte racional nos obliga a abrir grifos para asegurarnos de que todos funcionan y que no hay atascos en los desagües o comprobar, por ejemplo, que no hay humedades en algún rincón. ¿Te imaginas teniendo que  perforar una pared para revisar el cableado porque no funciona el enchufe donde ibas a conectar tu ordenador? Cocinar sin que funcione la campana extractora garantiza olores a perpetuidad. Y un radiador roto, unos cuantos resfriados.

Son detalles, sí. Pero de los que pueden arruinarte la ilusión de tu nuevo piso. Nadie puede garantizar que no surjan esos u otros problemas en el futuro, pero encontrárselos de entrada por no haber revisado todo bien es lo que, en el tenis, se llama un error no forzado. 

Cláusulas

Nota mental para todo documento que se vaya a firmar: hay que disponer del contrato con la suficiente antelación para leerlo, resolver dudas y cambiar lo que sea necesario. Y, por supuesto, la lectura conjunta del contrato en el momento de la firma, para evitar equívocos.

En cuanto al contenido, hay que fijarse en una serie de cláusulas que a veces se incluyen en los contratos: los intereses de demora excesivos en caso de impago; el permiso al propietario a acceder a la vivienda cuando quiera  y unas cuantas más

Trámites bancarios

En realidad, se trata solo de dos trámites sencillos dentro de los muchos del proceso de alquiler. Uno de ellos muy habitual y otro solo necesario en determinados casos:

  • La solvencia: normalmente el propietario quiere asegurarse de que podrás pagar el alquiler y te pedirá ver tus nóminas y varios extractos bancarios con tus ingresos.
  • El aval: en función de esa información sobre tu capacidad de pago y su evaluación del riesgo, el propietario puede pedir también un aval, una garantía adicional. Familiares y bancos son las dos opciones más habituales.

Negociar la actualización de la renta

Antes de que quede consignada en el contrato, hay margen para negociar la actualización de la renta. A diferencia de muchas otras cláusulas, que solo pueden ceñirse a lo que especifica muy claramente la ley, propietario y arrendatario pueden acordar cómo se hará.

Se suele tomar como referencia, para la evolución a futuro del precio del alquiler, el IPC. Lo habitual es que se aplique la inflación anual, pero hay otras opciones: acordar que sea cada tres años, o que durante un determinado plazo no haya actualización. Incluso tomar como referencia una fuente distinta, más centrada en el mercado inmobiliario de alquiler. En este punto puedes mostrar tus dotes negociadoras.

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