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Más tensión comercial

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Economía internacional

Publicado el 17 de mayo de 2019 a las 16:00 por José Ramón Díez Guijarro

Una semana más los mercados financieros superan sin excesivos daños la acumulación de información económica y política con un fuerte potencial desestabilizador.

Ni el enquistamiento de las negociaciones comerciales  en un aparente callejón sin salida, ni el aumento de las tensiones en el Golfo Pérsico o las sanciones a Huawei han terminado provocado un movimiento de repliegue de posiciones (risk off) por parte de los inversores. Desde el anuncio de la subida de aranceles el pasado viernes, el desempeño de los mercados de valores ha sido positivo, esta vez con un mejor comportamiento de las bolsas europeas que las americanas. Eso sí, el retorno de la rentabilidad del bono alemán a la zona de mínimos de los últimos 3 años (-0,12%), la inversión de la curva de rentabilidades americana (10 años - 3 meses) en algunos momentos de la semana o la apreciación del yen reflejan que la cautela sigue aumentando ante un segundo semestre con poca visibilidad económica y/o geopolítica, lo que da una sensación de aumento de la fragilidad. Pero los daños que han infligido a los inversores bajistas la evolución de los mercados financieros en los primeros meses del año y el coste de mantener liquidez ociosa están dando soporte a los activos de mayor riesgo, sobre todo, teniendo en cuenta que los bancos centrales seguirán al quite para responder a correcciones excesivas de los mercados. O, eso es, al menos, lo que esperan los inversores, a juzgar por la evolución de las expectativas de tipos durante la semana.

Semana que no empezó de la mejor manera, pues el gobierno chino respondió a la subida de los aranceles americanos del viernes pasado, con una elevación de las tasas (desde el 5% al 25%) que aplica a un conjunto de importaciones procedentes de EEUU por valor de 60.000 millones de dólares. Mientras, EEUU anunciaba dos días después el inició de un proceso que puede terminar con la inclusión de Huawei en una lista negra de empresas ("Entity List") que, en la práctica, paralizará la venta de software o hardware americano a la empresa china. Entre los suministradores de Huawei hay compañías tan importantes como Intel, Microsoft o Qualcomm. En este frenopático en el que se están convirtiendo las negociaciones comerciales, las autoridades a ambos lados del Pacífico parecen fiarse demasiado de los modelos de comercio convencionales que advierten de que sería necesaria una subida de aranceles muy superior a la actual para desencadenar una recesión mundial. Aunque esto supone jugar con fuego, teniendo en cuenta la situación de madurez cíclica, los efectos sobre la confianza de los agentes o el impacto en unos mercados financieros con valoraciones más exigentes. La variable clave en este conflicto sigue siendo el tiempo y, en este caso, la administración americana tiene más urgencia por el calendario electoral, si pensamos que el desmantelamiento de cadenas de valor con epicentro en China (verdadero punto débil del país oriental) no se va a producir de la noche a la mañana. Sin contar con la posición de fuerza que suponen los 1,1 billones de dólares en títulos del Tesoro americano en manos chinas.  

Sin embargo, según avanzaba la semana, las autoridades americanas pensaron que no es conveniente tener demasiados frentes abiertos a la vez y, aunque para el anuncio oficial habrá que esperar hasta el sábado, parece que han decidido retrasar en seis meses la decisión sobre un posible aumento de los aranceles a las importaciones de automóviles hasta el 25%. Hace un par de semanas repasábamos los impactos de esta decisión y pueden ser muy importantes teniendo en cuenta que hablamos de un sector con una fabricación de 95 millones de unidades al año, lo que representa unos 745.000 millones de dólares, equivalente al PIB de una economía de tamaño medio y con una destacada posición en el comercio mundial. Además, con una cadena de valor muy repartida geográficamente, aprovechando las ventajas comparativas de cada país (el valor añadido por el país exportador final oscila entre un mínimo del 40% y un máximo del 89%). Por ejemplo, en 2017, las marcas de coches alemanas produjeron casi 5,65 millones de unidades en suelo alemán, 3,6 millones en otros países UE y los principales centros de producción fuera de Europa fueron China (4,9 millones de coches) y EEUU (más de 800.000 coches, el 5% de la producción total). Todo ello, en un sector que se enfrenta a un cambio estructural ante retos como los coches eléctricos y autónomos o los cambios en las preferencias de los consumidores que optan, cada vez más, por opciones menos contaminantes y por modelos de carsharing, en detrimento de la opción tradicional de adquirir un vehículo propio.

¿Qué volumen de comercio se vería impactado por el arancel? En concreto, las exportaciones con destino EEUU que podrían verse afectadas (autos y componentes) ascienden a 265.000 millones de dólares (la mitad, si se excluyen las de México y Canadá). Esta cantidad podría duplicarse, como consecuencia de las represalias de los socios comerciales afectados y, en total, afectar a flujos comerciales por un valor superior a los 500.000 millones de dólares, lo que representaría casi un 3% del comercio global y más del 0,5% del PIB mundial, con países europeos muy afectados como Alemania, que vende en EEUU en torno al 12% de todos los coches que exporta, lo que equivale al 0,8% del PIB. Pero, además, es el segundo mayor inversor extranjero en la industria automovilística de EEUU: los activos de las fábricas de coches de titularidad alemana en EEUU ascendieron en 2016 a casi 88.000 millones de dólares, lo que representa casi el 44% de toda la presencia europea y casi la cuarta parte de la posición extranjera total. El instituto alemán Ifo estima que, si se aplicara el arancel del 25%, el valor añadido del sector del automóvil se reduciría casi un 5%, el PIB caería en torno a 0,2 p.p. (considerando solo los efectos directos) y las exportaciones alemanas de coches a EEUU descenderían casi un 50% en el largo plazo. El impacto directo sería incluso mayor en países como Corea y Japón, restando al PIB entre 0,3 y 0,4 p.p.

En el fondo, el problema es que el conflicto con China puede ser sólo el principio si se considera como objetivo de política económica americana reducir los desequilibrios comerciales bilaterales con cualquier área económica. Precisamente lo que se evitó tras la última crisis económica, teniendo en mente las dañinas consecuencias de la guerra arancelaria iniciada en 1930 por EEUU.

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