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Lo que une a Bilbao con Virginia Beach se mide en terabits

Cultura de banca

08/06/2016

La economía vinculada a internet no es etérea. No se trata solo de que mueva dinero, sino que también precisa de infraestructuras: por un lado las crecientes conexiones demandan de más y mejor cableado. Por otro, el comercio electrónico sigue dependiendo de camiones y carreteras. Y los atascos siguen ahí.

Se habla mucho de la economía digital, de que con internet como aliado uno puede vender en el otro extremo del planeta y de las altas valoraciones que las empresas del entorno virtual alcanzan en las bolsas. Parece que los negocios hubiesen migrado definitivamente a la red y que nada tuviera sentido fuera de ella. Y aunque, en parte, eso es cierto, el mundo físico sigue teniendo sus limitaciones, que afectan inevitablemente al virtual también.

La reciente noticia de que Microsoft y Facebook se han unido para instalar un enorme cable submarino entre Bilbao y Virginia Beach (al noreste de Estados Unidos) es un ejemplo de que el avance del entorno digital precisa de grandes infraestructuras.

Una filial de Telefónica, Telxius, será la encargada de llevar a cabo este proyecto, que tiene por nombre Marea y que ofrecerá una capacidad de transmisión de información de 160 terabits por segundo. Se trata de dotar de más capacidad de conexión para evitar la saturación ante el constante crecimiento de la demanda y minimizar el riesgo de que un accidente en los cables actuales afecte a las conexiones.

Las carreteras del comercio electrónico

Pero no se trata solo de cables para suministrar conexión, en la economía virtual también influye una infraestructura mucho más analógica: las carreteras. El ganador de un Premio Pulitzer Edward Humes analizaba recientemente esta cuestión en un artículo en la Harvard Business Review con el sugerente título de Por qué el futuro del comercio electrónico depende de mejores carreteras.

A medida que crecen las compras virtuales, los servicios de mensajería y paquetería ven también incrementarse su margen de negocio y su nivel de actividad. Y para poner en la puerta del comprador el paquete correspondiente, estas empresas precisan de camiones, carreteras, aeropuertos y una planificación logística muy precisa para cumplir los plazos cada vez menores de entrega.

Humes explica en su artículo que muchas veces se invierte en grandes proyectos de nuevas infraestructuras de transporte por carretera, en lugar del mantenimiento y reparación de las ya existentes. Y recoge una demanda del sector del transporte de mercancías: el problema de los atascos en las ciudades (que es el que en realidad retrasa las entregas y exaspera a los conductores particulares) no se soluciona con más carreteras, sino con mejor planificación.

Se buscan alternativas

Tres años después de que se comenzase a hablar de los drones de reparto de Amazon, el gigante del comercio electrónico sigue empeñada en esta línea de trabajo: “Repartir con drones será tan normal como ahora con camiones”, señalaba recientemente el director del programa en cuestión.

El primer problema, claro, está en que por el momento el radio de acción de este sistema de reparto alcanza los 15 kilómetros del centro logístico: todo lo que no sean grandes ciudades con almacenes propios de la empresa quedan fuera de este sistema.

El segundo es que en las ciudades, con bloques de pisos, parece poco viable que el aparato en cuestión toque el telefonillo, suba por el hueco de la escalera y haga allí entrega del producto adquirido. Amazon asegura tener 12 prototipos y que su apuesta es firme, pero las dificultades a resolver son muchas. Por el momento, parece que seguimos teniendo que mirar más al hormigón que al cielo.

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1 comentario

12 de junio de 2016 a las 18:46Josep Ribes Garcia
También podríamos utilizar la valija bancaria, correos o los repartidores de publicidad: el buzoneo.

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