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Las mujeres que escriben se suicidan

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Especial Mujeres y Literatura

Publicado el 13 de junio de 2019 a las 07:00 por Julia Montejo

La gran escritora uruguaya Cristina Peri Rossi se recuerda leyendo la enorme biblioteca de un tío suyo. Un día, su tío le pregunta si sabe cuántos libros escritos por mujeres hay en los estantes. Cristina le responde que solo tres: uno de Alfonsina Storni, otro de Safo y el tercero de Virginia Woolf. El tío continua: “¿Y ya leíste en la contraportada de qué murieron?”. Cristina lo sabe. Las tres se suicidaron. Su tío le advierte: “Pues aprendé, las mujeres no escriben, y cuando escriben, se suicidan”. 

Así ha sido durante siglos. Esas mujeres que escribían, locas, histéricas, volubles... Capaces de dejar volar su imaginación hasta perder la cordura, incapaces de encajar en el corsé diseñado para ellas. Un corsé que se perpetuó porque el ser humano se define al mirarse en el espejo de los que nos rodean y los hombres decidieron que, ellos, al mirarse en nosotras, debían lucir poderosos, protectores, valientes... Y para ello nos necesitaban sumisas, dependientes y débiles. Nosotras asumimos el papel: unas por comodidad o convicción, otras por falta de educación y recursos. Casi todas por supervivencia...

Ese espejo que hemos sido las mujeres para los hombres también tiene una dimensión literaria. Es verdad que cada persona escribe a través de la experiencia de su propio cuerpo, y precisamente eso es lo que hace que las voces múltiples sean tan enriquecedoras. Es decir, sí hay una literatura distinta en función de la sensibilidad individual. Y aquí, el género es un factor importante. Eso no significa que la literatura producida por mujeres sea en modo alguno inferior.

El problema es que la literatura escrita por los hombres ha definido el canon literario. Y para terminar de agudizar la brecha, nuestras novelas han obtenido etiquetas que las alejaban del sagrado Olimpo de la Alta Cultura. Como comentaba con mi amiga y colega, la ilustradora Sara Morante, si ‘Cumbres Borrascosas' hubiera sido escrita por un hombre, seguro que hubiera sido vendida como "la historia de una venganza" en vez de "una historia de amor". Y añado, si ‘Cumbres Borrascosas' hubiera sido escrita por un hombre, el autor hubiera sido considerado un prodigio de sensibilidad. 

Por otra parte, a las etiquetas hay que añadir el ninguneo de nuestro pensamiento. Casi el total de la obra de autoras cuya importancia hoy ya nadie cuestiona, no ha salido a la luz hasta después de su muerte. Una de mis favoritas es la portentosa Simone Weil. Genial, inspirada y lúcida como pocas mentes del siglo XX, su original legado filosófico y su manera de vivir fueron ejemplo además de coherencia intelectual. Ella decía que la imaginación y la ficción suman más de las tres cuartas partes de nuestra vida real. ¡Tres cuartas partes de la vida real!  Esta afirmación pone de manifiesto el desequilibrio que en el mundo se produce cuando la voz femenina desaparece de la configuración de ese imaginario compartido. 

Si hombres y mujeres participáramos de manera equitativa del poder de la palabra, también los equilibrios del poder social y económico serían distintos, cambiaría el enfoque de los cuidados, que tanto perjudica la realización de la mujer, e incluso se modificaría la ordenación de los valores generales.

Por supuesto, no es la escritura lo que nos conduce al suicidio, ni siquiera la introspección literaria a la que se abocan autoras como Adelaida García Morales. Las causas hay que buscarlas en la invisibilización, la frustración y el aislamiento, unidas a la indefensión económica y emocional, el abuso de sustancias y los problemas de salud mental. Yo, como escritora, me considero afortunada de pertenecer a una época, en la que, aún lejos del equilibrio, por fin la voz de las mujeres empieza a ocupar el lugar que le corresponde. "Queda lo escrito, todo lo demás no queda", decía Emilia Pardo Bazán, y en el siglo XXI, en nuestro privilegiado primer mundo, a las escritoras ya se nos escucha alto y claro.

SOBRE LA AUTORA

Julia Montejo, escritora, guionista y profesora universitaria.

Este post forma parte de la serie ‘Mujeres y Literatura’ en la que han colaborado las autoras Sara Morante, Laura Freixas, Lola Gulias, Eva Boj y Karina Sáinz Borgo.

8 comentarios

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8 comentarios

14 de junio de 2019 a las 14:19Teresa
Solo con educación se curan las enfermedades-problemas sociales, a todos los niveles. Las mujeres han sido las grandes silenciadas históricamente y algunos aún no se acostumbran y se molestan al oírnos. Esperemos que con una buena dosis de EDUCACIÓN la sociedad vaya cambiando y no solo las valientes se atrevan a hablar, a escribir, a pensar... porque no deje de ser un acto de valentía sino por mera libertad de expresión.
17 de junio de 2019 a las 11:27Julia Montejo

Gracias por el comentario, Teresa. Estoy totalmente de acuerdo. Y ahí las mujeres tenemos mucho que aportar porque, a menudo, somos las primeras educadoras. 

13 de junio de 2019 a las 18:31Raquel
Muchas mujeres a lo largo de los siglos pasados han luchado por la igualdad en todos los ámbitos de la vida, no solamente en la Literatura. El ámbito de avance debe partir desde la infancia; con una educación exquisita en valores, porque estos no tienen género. De otra manera es muy difícil cambiar el escenario de la noche a la mañana. Y por desgracia, los datos indican que está aumentando la violencia machista en edades jóvenes.
13 de junio de 2019 a las 19:44Julia Montejo

Querida Raquel, estoy de acuerdo. La educación en valores es la clave. Y estar siempre atent@s a posibles retrocesos porque la historia nos demuestra que son habituales.

13 de junio de 2019 a las 09:11Rogelio Carrera Iglesias
Julia, gracias por compartir esta reflexión tan interesante. Afortunadamente, como dices, hemos avanzado, pero coincido en que el desequilibrio sigue siendo importante y hay mucho camino por recorrer, y ese tránsito debemos hacerlo conjuntamente mujeres y hombres, escritoras y escritores en el respeto y reconocimiento mutuo, y lectoras y lectores porque creo que cada una de las personas que leemos tenemos la responsabilidad moral de acabar con los prejuicios. Debemos huir de encasillar en función del género (u otros atributos) y tendríamos que hacer aflorar un poquito más nuestra sensibilidad. Probablemente así el mundo sería un poquito mejor. Para terminar quería darte la enhorabuena por tu carrera literaria. He tenido el placer de leer algunas de tus novelas y me han cautivado desde el primer momento. Me parece que mezclas con mucho acierto acción, intriga, sensibilidad, amor… todo sentimiento. Gracias.
13 de junio de 2019 a las 17:09Julia Montejo
Muchas gracias, Rogelio. Los libros solo crecen si se leen, así que me da mucha alegría saber que llegan a los lectores. Leer es un magnífico camino para conocernos mejor. ¡Hasta pronto!
13 de junio de 2019 a las 08:25Rocio Cubells
Un post muy interesante. Gracias
13 de junio de 2019 a las 17:10Julia Montejo
Gracias, Rocío. Escribo confiando en que mis reflexiones puedan ser ventanas.
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