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La inesperada ayuda de la Tasa Anual Equivalente (TAE)

Cultura de banca

19/01/2016

Lo vemos en los carteles que hay en el escaparate de la sucursal sobre hipotecas o préstamos: una cifra, un símbolo de porcentaje y, al lado, escrito casi siempre en mayúsculas, TAE. Si a ti ese acrónimo tampoco te dice nada, es el momento de continuar leyendo.
 La Tasa Anual Equivalente

La Tasa Anual Equivalente

Lo primero que tal vez parezca sorprendente es que la Tasa Anual Equivalente (TAE) es un indicador de ayuda. La TAE aglutina los tipos de interés, el plazo de la operación y las comisiones. Está pensado para ayudar a los clientes a comparar y a tener una cifra (el porcentaje que le precede) de referencia para ver la diferencia de interés en dos productos similares: la hipoteca de un banco y la de otro; o dos depósitos a diferente plazo del mismo banco. Por ejemplo, si uno de esos depósitos es a un mes al 5% TAE eso significa que es mejor que un depósito a un mes al 2% TAE, pero no quiere decir que sea mejor que un depósito a seis meses al 3% TAE, ya que este último funciona durante seis meses y nos permitirá obtener mayor rentabilidad.

 El problema existía cuando se trabajaba sin TAE: cada banco podía promocionar un tipo de interés distinto y luego aplicar las comisiones que considerase. Eso suponía que los intereses que reportaba un depósito (o los que se pagaban por una hipoteca; la TAE se aplica a ambos productos) podía ser distinto del anunciado. La TAE lo que hace es considerar los gastos y comisiones e incluirlos en el porcentaje. Se podría decir, en cierto modo, que es el PVP (Precio de Venta al Público, que incluye el precio del comercio más los impuestos) de los productos financieros.

 ¿En qué productos se aplica?

Como indica el Banco de España la TAE tiene que estar visible en la publicidad, en los contratos con los clientes, en las ofertas vinculantes que se realicen y en los documentos de liquidaciones de operaciones. Pero su aplicación se circunscribe a los productos financieros vinculados a intereses. Es decir, a los productos de ahorro e inversión (fondos de inversión, depósitos y planes de pensiones) y a los de préstamo (créditos e hipotecas).

Lógicamente, el cliente de banca busca que los productos de inversión tengan una TAE alta (más intereses se recibirán) y en los de préstamo un TAE bajo (menos intereses se pagarán).

¿Qué incluye?

Por su carácter obligatorio (desde 1990 el Banco de España lo exige a todas las entidades financieras) está fijado por una normativa legal en la que se especifican qué clase de elementos tienen que incluirse en la TAE: entre otros, comisión de apertura y cancelación (total o parcial) en préstamos; en productos de ahorro lo que recoge son las liquidaciones de pago.

 ¿Cómo se calcula?

Si la explicación que equipara la TAE con el PVP te resulta demasiado facilona, tal vez prefieras la definición que se da en el BOE: es aquella tasa que iguala en cualquier fecha el valor actual de los efectivos entregados y recibidos a lo largo de la operación. Esta explicación se concreta en una fórmula matemática, recogida también por el BOE, que dejamos aquí a título meramente indicativo:

fórmula TAE

C → Disposiciones

k → nº de orden de cada una de las disposiciones de fondos, por lo que 1≤ k ≤ m

m → nº de orden de la última disposición

Ck → importe de la disposición número k

tk → Intervalo de tiempo, expresado en años y fracciones de año, transcurrido entre la fecha de la primera disposición y la fecha de cada una de las disposiciones siguientes, de modo que t1 = 0

D → Pagos por amortización, intereses, comisiones u otros gastos de la operación

I → nº de orden de cada uno de los pagos, por lo que 1≤ k ≤ m’

m’ → es el número de orden del último pago

DI → es el importe del pago número I

sI → Intervalo de tiempo, expresado en años y fracciones de año, transcurrido entre la fecha de la primera disposición y la fecha de cada uno de los pagos.

X → es la TAE

En resumen

Normalmente, al contratar un producto financiero, se habla del tipo de interés (nominal) que nos genera o nos cuesta, puede ser que esté referido a un mes, a un trimestre, a un año, etc. Sin embargo, en una operación financiera, además del interés «puro o nominal» existen otros gastos y comisiones que es necesario considerar para conocer el rendimiento o el coste global de dicha operación.

La TAE, calculada de forma homogénea por todas las entidades, es la que realmente nos indica cuál es el «rendimiento o coste anual» de nuestra inversión o nuestro préstamo y es en lo que nos debemos fijar.

Además, siempre conoceremos la TAE porque las entidades están obligadas a informar sobre la TAE de sus operaciones en la publicidad que hagan de sus productos, en los contratos que formalicen con sus clientes, en las ofertas vinculantes que realicen y en los documentos de liquidación de operaciones activas y pasivas.

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