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El álbum de los funcionarios y la vigencia de Balzac

Cultura de banca

19/08/2018

“¿Qué es un funcionario? ¿En qué categoría empieza o termina el funcionario?”.

Muchas definiciones, descripciones, ironías, chistes y sarcasmos hay alrededor de estas preguntas que se formuló Honoré de Balzac a mediados del siglo XIX y antes y después de él media humanidad.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Funcionarios y Balzac

Funcionarios y Balzac

Winston Manrique Sabogal

Periodista y director-fundador de WMagazín

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El escritor que bautizó su obra como La comedia humana también detuvo su mirada en uno de los pilares del sistema de organización sobre el que avanzaría el mundo hasta este presente en lo gubernamental, económico y social. Su análisis está recogido en un librito tan acerado e incisivo como ameno: Fisiología del funcionario, que ahora publica Mármara ediciones.

"Este es el bello ideal de una sociedad que ya solo cree en el dinero y que existe únicamente a través de las leyes fiscales y penales", sentencia Balzac en este libro de formato bolsillo donde describe "las variedades de funcionarios que constituyen los engranajes de la maquinaria".

El genio de Balzac no se queda ahí y abarca la vida general. Desliza que estos patrones o ADN de la gran comedia de la administración gubernamental pueden ser homologables en empresas o instituciones privadas. Recuerda que un estado o empresa depende en gran medida de la economía, pública o privada, y esta a su vez de los funcionarios (o empleados) y, ya se sabe, que todo va según vayan los números.

Fisiología del funcionario sirve para conocer las raíces sobre las que se levanta el mundo, en buena medida. Y para que en buena medida tomen nota o se corrijan las líneas que se considere corregir para "descubrir por qué ahora todo va tan lentamente en el país de la burocracia".

Balzac despliega su fisiología en 14 capítulos, los cuatro primeros los dedica a la definición del funcionario, a su utilidad, a su historia y a su distinción. Luego entra de lleno en el retrato como tal al que dedica diez capítulos con sabiduría propia y popular, con jocosidad, e incluso aliento panfletario pero respaldado por el realismo en el cual basó su creación.

Empieza en ‘Los despachos' y termina en ‘El jubilado'. En medio: ‘El jefe de oficina', ‘El supernumerario', ‘El cajero', ‘El jefe de división', ‘El auxiliar o variedades de auxiliares' o ‘El chico de los recados'. Y, por supuesto, no falta un apartado de sueldos. El sistema o engranaje por el cual el Estado contrata a muchas personas para que estas a su vez gasten el dinero y así se retroalimenta y garantiza su permanencia. Tampoco falta el despilfarro.

Honoré de Balzac lamenta que nadie se atreva a romper o introducir innovaciones en la maquinaria que ya está montada, y que lo que suele hacer es replicar o calcar modelos sin atreverse a crear los propios. Así lanza una teoría: "Los sueldos no son proporcionales a las exigencias del servicio. Cien funcionarios a doce mil francos darían más resultado y mucho más rápido que mil funcionarios a mil doscientos francos".

Esta gran comedia del funcionario y el empleado tiene toda la vigencia del mundo. Y en esta edición traducida por Hugo Savino y las ilustraciones de 1841 de Louis-Joseph Trimolett cobra una fuerza inusitada en momentos en que suenan grietas por todos lados.

Bonus Literario

Leonardo Da Vinci. La biografía, de Walter Isaacson. Traducción de Jordi Ainaud i Escudero (Debate) y El vestido azul, de Michèle Desbordes.

Traducción de David M. Copé (Periférica).Las siguientes son dos vidas para conocer al final del verano y que seguro ya se quedarán por siempre con cada uno de nosotros. Leonardo Da Vinci y Camille Claudel son dos artistas sobre los que se cree saber mucho debido a la trascendencia de la obra del italiano y del gran amor de la francesa, Auguste Rodin. Hay mucha leyenda alrededor de ellos en la que lo privado se mezcla con lo artístico y público. Una biografía de Da Vinci y una novela biográfica de Claudel iluminan sus verdaderas vidas a través de investigaciones. Del autor de la Mona lisa se encarga con rigurosidad Walter Isaacson que ya lo hiciera con personajes como Albert Einstein y Steve Jobs, y de Camille Claudel lo hace Michèle Desbordes con gran mimo y delicadeza al mostrar a una artista cuya vida pareció destinada a esperar, esperar convertirse en escultora reconocida, esperar el amor de Rodin, esperar sus últimos treinta años a que la sacaran de un manicomio. Da Vinci y Claudel como compañeros entrañables.

Winston Manrique Sabogal es periodista y director-fundador de la revista literaria  WMagazin.com

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