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¿Es necesario que escriban las mujeres?

Cultura de banca

09/06/2019

¿Hace alguna falta que las mujeres escriban? Esta pregunta se puede contestar de dos maneras: desde el punto de vista de ellas o del de la literatura. A mí me interesa más el segundo. Porque el primero arroja una respuesta muy obvia: no es imprescindible, pero sí deseable que las mujeres escriban y publiquen, por lo mismo que deseamos que sean fontaneras o neurocirujanas, que presidan gobiernos y conduzcan camiones, que sean obispas y analistas financieras.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Especial Mujeres y Literatura

Especial Mujeres y Literatura

Sería bueno que hubiera igualdad en todas esas profesiones, y no la hay en ninguna. En la literatura tampoco. A nivel global, ellas escriben mucho menos que ellos, como es lógico dada su inferior formación: dos tercios de la población analfabeta del mundo son mujeres. También históricamente han escrito y publicado mucho menos: de los 1.300.000 libros que conserva nuestra Biblioteca Nacional, solo un 15% llevan firma femenina. Y aquí y ahora (como demuestra este estudio), el 70% de las novelas que se publican las han escrito hombres.

Ojalá las mujeres accedieran tanto como los varones a la escritura: es una profesión creativa, libre, prestigiosa... qué les voy a contar, si es la mía y la adoro. Pero como decía, no es esto lo que me parece importante, sino lo otro: no lo que la literatura puede aportar a las mujeres, sino lo que las mujeres aportan a la literatura.

"El arte no tiene nada que ver con el sexo de quien lo crea", "la gran mente es andrógina", "no existe literatura de hombres ni de mujeres, sino solo buena o mala literatura"... ¿Habrá todavía quien diga esas cosas? Era lo que todo el mundo repetía hace veinte o veinticinco años, cuando yo empecé a interesarme por el tema. Tras estudiarlo, mi conclusión fue negar la mayor: claro que existe una literatura de mujeres y una de hombres.

Quizá no debería; es muy bonito, lo comprendo, pensar que escribimos a partir de la mente, pura y desencarnada, muy por encima de esa vulgaridad del cuerpo; una mente que puede tener los dos sexos a la vez o tres o veinte o ninguno... Solo que no es verdad.

Si en vez de especular, de hacer grandes afirmaciones de principio, leemos los textos, nos saltará a la vista: entre lo que han escrito las mujeres y los hombres hay muchas diferencias. Como las hay entre la literatura inglesa y la estadounidense, o entre la española de antes y después de 1898, y por parecidas razones: porque escribimos con la mente, sí, pero esa mente se ha formado a partir de unas vivencias y de una tradición cultural que son distintas de un país a otro, de una generación a otra, y también, de un sexo a otro.

La vida de una mujer y la de un hombre divergen, no solo por la biología, sino por la sociedad, y en cuanto a la cultura, también está marcada a hierro candente por el género. Es imposible leer, qué sé yo, a Hemingway o a Jane Austen, o a Cela o Ana María Matute, haciendo abstracción de que existen hombres y mujeres. La diferencia, el deseo, el conflicto, el choque... entre unos y otras es siempre un motor del argumento, y algo que se manifiesta en cada página.

Literatura escrita por mujeres

Pero vamos a lo que seguro que se están ustedes preguntando: muy bien, vamos a creernos que existe algo así como una "literatura femenina", pero por favor: ¿en qué consiste? Antes que nada déjenme aclarar que más que "femenina" (¿qué es lo "femenino"?, ¡ay! Cosa tan opinable, tan indefinible, que mejor lo dejamos de lado), yo prefiero decir, aunque sea más largo, "escrita por mujeres"; y que naturalmente, no la distingo de una "literatura sin adjetivos" ("aquí la Literatura A Secas", allá en los márgenes esa cosita llamada literatura-de-mujeres), sino a la literatura escrita por hombres. Y sin más preámbulo voy al grano. Lo que las escritoras han aportado y aportan a la literatura se resume así: sacar a flote el continente oscuro de las vidas de las mujeres.

Porque, y esto es una obviedad pero me ha costado mucho descubrirla, de las mujeres sabemos muy poco. ¿Cuántos autores han leído ustedes en la escuela, y cuántas autoras? ¿Cuántas películas escritas y dirigidas por hombres han visto y cuántas de mujeres? ¿Cuántos cuadros de pintores varones y cuántos de pintoras hay en los museos?...

El mundo nos lo han contado los hombres; de las mujeres no solo sabemos poco, sino que lo que sabemos está filtrado por ellos. Por eso -esa es la razón fundamental- sí es necesario, imprescindible, que las mujeres escriban (y pinten, y hagan cine, y opinen en los medios). Porque sin ellas, ¿qué sabríamos, por ejemplo, de la maternidad desde el punto de vista de la madre? Son escasísimos, y recientes, los libros que lo cuentan, de Nacemos de mujer de Adrienne Rich a La mejor madre del mundo de Nuria Labari...

¿Y de la vida de ama de casa? Es algo universal, algo que las mujeres hemos hecho siempre, pero que los hombres no han reflejado en su literatura. Emma Bovary, La Regenta, son amas de casa, pero Flaubert y Clarín no nos las muestran como tales, sino como esposas y amantes; en cambio, Virginia Woolf en Mrs. Dalloway, Carmen Martín Gaite en Nubosidad variable, Clarice Lispector en muchos de sus maravillosos cuentos... hacen de las amas de casa grandes personajes por sí mismas.

Otra experiencia de las mujeres, algo que algunas sufren y que todas tememos: la violación, los malos tratos... ¿Quién nos lo cuenta desde el punto de vista de la víctima? Ellas, naturalmente, las escritoras, en obras tan impactantes como Una mujer en Berlín, de autora anónima; Mujer en punto cero de Nawal el Saadawi; El último patriarca de Najat El Hachmi...

Y podríamos seguir, con muchas otras experiencias: la relación madre-hija, o entre amigas, o entre señoras y criadas; la vocación artística vivida por una mujer; la condición de niña (Lolita solo nos mostró a la niña en tanto que objeto de deseo de su violador) o la de vieja; el aborto; la vida de prostituta... Novelas como El acontecimiento de Annie Ernaux; Puta de Nelly Arcan; el ciclo autobiográfico de Jean Rhys (de Viaje en la oscuridad a Buenos días, medianoche), las cartas a su hija de Madame de Sévigné, el diario de Sylvia Plath... tienen, además de su valor literario, el valor añadido de destapar lo que llevaba tapado siglos. Yo lo encuentro fascinante.

SOBRE LA AUTORA

Laura Freixas, escritora y presidenta de honor de la asociación para la igualdad de género en la cultura Clásicas y Moderna.

Este post forma parte de la serie ‘Mujeres y Literatura’ en la que han colaborado las autoras Sara Morante, Laura Freixas, Julia Montejo, Lola Gulias, Eva Boj y Karina Sáinz Borgo.

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1 comentario

11 de junio de 2019 a las 16:16Marisa
Es necesario. Escribir libera, ayuda, comparte, emociona, impacta... Es necesario para que se vea a través de otros ojos. Es necesario para que se sienta lo que no has sentido, pero sobre todo es necesario para ser mejores personas y crear una sociedad mejor. Admiro profundamente a escritoras como Laura que tan bien lo hacen y tan valientes son de darnos tanto. Mi sincera gratitud.

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