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El valor no se le supone, hay que buscarlo

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Valor

Publicado el 02 de septiembre de 2015 a las 07:00 por Sebastián Redondo

El objetivo de cualquier inversión es tratar de mantener el poder adquisitivo del ahorro (y si fuera posible, añadirle más capacidad de compra) para el momento que necesitemos recurrir a él.

 

O dicho de otra forma, proteger el ahorro de los estragos de la inflación. No hay muchas formas de conseguir esto y en la actualidad se han reducido más aún, al tener que descartar la renta fija y la liquidez como alternativa a la inversión en acciones.

Hasta hace poco, invertir en bonos del estado o incluso en depósitos bancarios otorgaba una remuneración que superaba ligeramente la inflación esperada. Se podía fácilmente invertir en bonos del Tesoro a un 4% a tres años y el IPC (Índice de Precios de Consumo) andaba en ese entorno. En estos días, los tipos de interés no llegan al 1% para el mismo plazo. Bien es cierto que la inflación está, por el momento, controlada, y que ahora con una remuneración de la inversión por encima de cero (los bonos alemanes de dos años no solo no ofrecen ninguna remuneración, sino que hay que pagar al Gobierno alemán por el privilegio de prestarles dinero, aberración histórica que solo se explica por las dudas acerca del futuro del euro y por la actuación del Banco Central Europeo –BCE-), el poder adquisitivo de nuestro ahorro en plazos cortos está garantizado.

El problema es que las medidas que se están tomando de política monetaria van dirigidas a crear inflación (no demasiada, es cierto) y aunque los alemanes son muy cuidadosos en este tema por haber sufrido episodios de hiperinflación que acabó con vidas y haciendas, nadie nos asegura que no se le vaya la mano al BCE, a la Reserva Federal, al Banco del Pueblo de China o al Banco de Japón y acaben provocando un proceso inflacionista que vaya por delante y supere la remuneración de los respectivos bonos públicos. Si eso se produjera, la única alternativa para evitar una pérdida de nuestro poder adquisitivo sería haber invertido en renta variable, único activo que, en períodos largos, ha sido capaz de batir a la inflación consistentemente…  Hay otras alternativas, menos tradicionales: materias primas, en general, y en especial oro; el sector inmobiliario, obras de arte, bonos ligados a la inflación… pero nos sirven más como guarnición que como plato principal, excepto quizás las inversiones inmobiliarias que, como decía Burton G. Malkiel en su libro “Un paseo aleatorio por Wall Street”, es la primera inversión que debería hacer todo el mundo y que podría servir como alternativa a constituir un fondo de pensiones.

En un estudio realizado por David Dreman en 2012, para Estados Unidos (habría que confirmar si en Europa ha sido igual) en el período 1946-2010 las acciones, en plazos de cinco años, intervalo habitual para referirse a inversiones de medio plazo, obtuvieron una rentabilidad ajustada por inflación e impuestos del 23,8%, mientras que los bonos registraron una evolución del -9,7% y las letras del tesoro del -10,6%. Y lo que es más importante, en períodos de cinco años, las acciones batieron el 80% de las veces a los bonos y a las letras del tesoro.

El inconveniente que se señala siempre a la hora de invertir en acciones es su riesgo, pero habría que revisar precisamente este concepto porque igual no se ha explicado o entendido bien.

En los últimos años, el riesgo de una inversión se ha equiparado a su volatilidad, de forma que una acción con una volatilidad inferior a otra se decía que su riesgo era menor, independientemente del sector al que perteneciera, su coyuntura o sus expectativas.

Otra forma de acercarse al concepto de riesgo es como la probabilidad que tiene determinada empresa de mantener el tipo en momentos de crisis y de prosperar en coyunturas más favorables. Si nos enfrentamos al riesgo con este enfoque, que no es precisamente nuevo, la volatilidad – amplitud de la oscilación diaria del precio de una acción- se convierte en una oportunidad de compra y a mayor volatilidad más y mejores momentos para ejecutarlas.

En finanzas, una de las corrientes que ha resistido la prueba del algodón del tiempo y de los ciclos económicos, empresariales y financieros durante más de 80 años es la que se conoce como “inversión de valor”, cuya definición es muy sencilla aunque su puesta en práctica sea muy compleja. Se trata de invertir en empresas -mediante un minucioso análisis utilizando datos, lógica y experiencia-, que hayan mostrado beneficios estables y recurrentes. Esta sería la condición suficiente; la necesaria es que además ofrezcan una razonable expectativa de rentabilidad y esto solo es posible si la relación precio/beneficio es inferior a la media del mercado, si el precio/valor en libros también es inferior y si su expectativa de dividendos es creciente y sostenible. Para evitar que las oscilaciones normales o anormales de los valores en bolsa nos lleven a tomar decisiones precipitadas o equivocadas, le exigiríamos, además, una tercera condición, y es que estas compañías dispongan de un descuento significativo respecto de su precio en el mercado.

La parte difícil es cómo localizar este tipo de empresas, cómo hacer un análisis riguroso y cómo seguirlas en el tiempo. Para ello se necesita un equipo experimentado en la realización de estas tareas, que al igual que las empresas en las que invierten, hayan sobrevivido a diferentes circunstancias y ciclos de mercado.

En Bankia Fondos, disponemos de dos fondos cuyos gestores siguen fielmente los principios de la gestión “valor” y que han mostrado su resistencia en diferentes condiciones de mercado. Son Bankia Dividendo Europa y Bankia Dividendo España. Dos fondos que, por tanto, deberían conseguir, e incluso superar, que el ahorrador mantenga su poder adquisitivo, que –como decíamos al principio- es el objetivo de cualquier inversión.

 Sebastián Redondo, Director de Inversiones de Bankia fondos.

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Sebastián Redondo

Director de Inversiones Bankia Fondos, S.G.I.I.C, S.A.

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