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Aislando los efectos económicos del coronavirus

Estudios y análisis

14/02/2020

Transcurrido casi un mes desde la aparición del nuevo coronavirus (Covid-19), la sensación es que el daño que puede ocasionar sobre la actividad global todavía no está siendo descontado por los mercados financieros, al considerarlo un “shock” regional y temporal.

Tiempo de lectura: 2 minutos

Efectos economía coronavirus

Efectos economía coronavirus

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

De momento se están intentando extrapolar los efectos sobre el crecimiento global a medio plazo, partiendo de la incidencia ocasionada por el último virus de características parecidas con origen en China (SARS en 2003), aunque ni la importancia relativa del gigante oriental (cuatro veces superior en estos momentos), ni los vínculos comerciales con el resto del mundo a través de las cadenas de valor son parecidos a los de hace década y media. La interrupción de la producción de bienes y servicios en el epicentro de la epidemia y regiones adyacentes, el cierre de las principales atracciones turísticas del país y las restricciones a los movimientos de personas implican "shocks" de oferta y de demanda que harán muy improbable que la economía china crezca en este primer trimestre. El ajuste será transitorio y, una vez sobrepasado el pico de la epidemia, se producirá un rebote económico (segundo y tercer trimestre del año) que compensará parte del efecto negativo del primer trimestre, pero siempre teniendo en cuenta que la capacidad de producción es limitada. En este contexto, pensar en crecimientos medios de la economía china superiores al 5% este año parece más un deseo que algo factible, por mucho que las autoridades chinas estén poniendo toda la carne en el asador, con importantes inyecciones de liquidez, bajadas de tipos de interés o subsidios al sector empresarial.

El efecto sobre el resto del mundo dependerá de la importancia de los vínculos comerciales a través de las cadenas de valor. No olvidemos que más del 20% de las importaciones de maquinaria y equipo que se realizan en la economía mundial tienen su origen en China; para EEUU representan casi un 30%, mientras que para la mayoría de países del sudeste asiático superarían ese 30% (10%, en el caso de España). La interrupción de las plantas de producción de algunas compañías automovilísticas en Corea del Sur y Japón por la falta de componentes procedentes de China refleja que el mayor impacto lo sufrirán las economías de su área de influencia regional. El resto del mundo también se verá afectado por el descenso de la demanda externa, aunque la bajada del precio de las materias primas, especialmente petróleo (-15% desde principios de año), puede compensar, en buena parte, a los países importadores netos de crudo.

El turismo también se verá perjudicado, al menos en el primer semestre, aunque la recomposición de los flujos hará que algunos países incluso puedan verse favorecidos por su localización geográfica. En términos más estructurales, podríamos encontrarnos ante el segundo "shock" importante en menos de 24 meses (el primero ha sido el conflicto arancelario) sobre unas cadenas de producción globales que parecían haber cambiado para siempre el perfil de la oferta mundial de productos. La solidez de la organización espacial de estas cadenas podría ponerse en duda a partir de ahora, en medio de un debate más amplio sobre la manera de abordar la emergencia climática o el aumento de las desigualdades en los países occidentales. La consecuencia de todo ello sería el inicio de lo que algunos empiezan a denominar la "desglobalización", dentro del tradicional movimiento de péndulo de los intercambios comerciales mundiales.

Las primeras señales serían la guerra arancelaria entre EEUU y China o la paralización del tribunal de arbitrajes de la OMC. Porque, si hoy la noticia positiva es que entra en vigor la rebaja arancelaria firmada en la fase 1 entre EEUU y China, lo que afectará a casi 200.000 millones de productos elaborados en ambos países, la realidad es que el arancel medio aplicado a productos chinos en EEUU ha subido del 3,1% al 19% en los últimos dos años y del 8% al 20,9% en el caso de productos americanos que cruzan la frontera china. Además, se hace difícil pensar que en los próximos años vayamos a ver un retorno a los niveles iniciales, sobre todo, teniendo en cuenta que esta cuestión es una de las que no provocan discrepancias entre demócratas y republicanos en EEUU.

Por tanto, sólo seis semanas después del inicio del año, se va a volver a poner a prueba la resiliencia de la actividad ante "shocks" de mayor o menor intensidad que van apareciendo por el camino de esta fase expansiva del ciclo económico. Desde luego, no hay ninguna sensación de intranquilidad en los mercados financieros, pues desde principios de año se mantiene la tónica de la última parte de 2019, con ganancias generalizadas entre los principales activos, con la excepción de las categorías ligadas a materias primas. De hecho, esta semana volvían a situarse en máximos históricos algunos de los principales mercados de valores del mundo (S&P, NASDAQ, Stoxx Europe, etc). Una vez más, la vacuna inyectada por las autoridades monetarias en forma de aumentos de liquidez y bajadas de tipos de interés está funcionando para inmunizar a los mercados con respecto a los riesgos de la economía real, por más que, en muchos casos, parezca algo parecido a un efecto placebo. Sólo en febrero, han relajado las condiciones monetarias los bancos centrales de Brasil, Tailandia, República Checa o Rusia y el mercado descuenta que también el BCE o la FED lo pueden realizar en caso necesario.

Mientras tanto, las señales que emanan de la información económica que vamos conociendo en este principio de año no difieren excesivamente de las tendencias de finales de 2019. Estabilización de los ritmos de crecimiento, pero con muchas mejores sensaciones en EEUU, donde el empleo o el sector residencial sigue ofreciendo sorpresas positivas, frente a la atonía en Europa, con el sector industrial en el norte de la región sumido en una debilidad de la que no termina de escapar. Aunque Alemania evitó una contracción de la actividad en el cuarto trimestre, las expectativas no parecen las mejores para la primera parte del año y tampoco ayudará el contexto político con la crisis de la CDU tras las elecciones de Turingia. Desde principios de 2018, la economía alemana se ha movido en un rango de crecimiento de entre el -0,2% y el +0,2% en 6 de los 8 trimestres, en un comportamiento más propio de Italia que de la locomotora alemana. Así que las previsiones publicadas por la Comisión Europea esta semana para 2020 (+1,2% la UEM y +1,1% Alemania) parecen incluso optimistas. Y todo ello, como no podía ser de otra manera, se está reflejando en la debilidad del euro frente a prácticamente todas las divisas desde principios de año, con mención especial al debilitamiento frente al dólar, donde se está poniendo a prueba niveles muy importantes desde el punto de vista técnico.

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