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Cuentas y depósitos: dos productos básicos para el ahorro

Cultura de banca

16/02/2016

Cuentas y depósitos son dos productos bancarios con algunas semejanzas y muchas diferencias. Ambos tienen en común su sencillez y su seguridad. El ahorro comienza en ellos.

Tal vez lo mejor sea empezar por diferenciar dos conceptos que a veces en la banca tienden a confundirse: inversión y ahorro. La diferencia principal es que la inversión conlleva un riesgo: puede salir bien, mal o regular. En función del producto que se escoja, la inversión tendrá más o menos riesgo. El ahorro, por el contrario, está garantizado.

Y los dos productos de los que tratamos aquí, las cuentas y los depósitos, son productos de ahorro. Eso es lo que tienen en común, pero si vemos sus características, quedarán claras sus diferencias.

Así, las cuentas son la base de nuestro día a día financiero: domiciliamos la nómina, periódicamente nos llega el cargo de la hipoteca, enviamos y recibimos transferencias, tenemos un par de tarjetas (una crédito y otra de débito) asociadas y nos llegan los recibos de la luz, el gas y el ADSL. Es donde, cada mes, llegan nuestros ingresos y salen nuestros gastos. Es el centro en torno al cual gira nuestra relación con el banco.

Pero a veces sucede que los ingresos comienzan a ser mayores que los gastos y esa cuenta, pensada principalmente para la operativa del día a día, comienza a engordar. La cuantía del dinero que allí se guarda va poco a poco a creciendo. Y es cuando nos da por fijarnos en los intereses que nos reporta esa cuenta y descubrimos que, por norma general, son intereses bajos. Entonces es cuando la atención se dirige a los depósitos.

A diferencia de las cuentas, cuya característica es la plena disponibilidad del dinero (se puede retirar la cuantía que se desee en cualquier momento), los depósitos suelen tener fijado un plazo de vencimiento. Hasta ese momento (que suele oscilar entre uno y tres años) el dinero queda “depositado”: su retirada anticipada conlleva una penalización.

Por eso este producto financiero de ahorro es para ese dinero que creemos que no vamos a necesitar a medio plazo. Como no nos hace falta ahora se guarda en esa caja separada que no puede abrirse hasta que llegue el momento.

Este ahorro no conlleva ningún riesgo, a diferencia de los productos de inversión. La cuantía está plenamente garantizada, porque el contrato se establece entre el cliente y el banco con unas condiciones perfectamente claras: el plazo que permanecerá el dinero guardado, los intereses que reportará, cuándo se pagan esos intereses y qué clase de penalización conlleva la retirada anticipada. Por lo tanto, su cobro no depende de factores externos, como cuando se invierte en Bolsa o en otros productos financieros. Además, está cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos, que garantiza su recuperación hasta los 100.000 euros.

Son, en definitiva, dos productos muy distintos: uno orientado a la operativa diaria y otro al ahorro. Pero que tienen en común la plena seguridad sobre la recuperación de nuestro dinero.

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