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Crónica Macro Semanal: Nueva escalada de las tensiones comerciales

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Economía internacional

Publicado el 13 de julio de 2018 a las 15:15 por José Ramón Díez Guijarro

Leía esta semana que la recuperación cíclica americana ya es la segunda más longeva de la historia, coincidiendo en el tiempo con la agenda comercial más proteccionista de la administración desde Nixon. Una combinación sorprendente, pues si las cosas funcionan, para qué cambiarlas.  

Pero la amenaza de guerra comercial sigue ganando en intensidad, tras el anuncio de la administración Trump de gravar otros 200.000 millones de importaciones chinas. Hasta el momento, si la administración americana cumpliese la totalidad de amenazas que ha puesto sobre la mesa, supondría imponer un arancel del 17,5% al 30% de las importaciones americanas (4,4% del PIB nominal y 6,2% del consumo). Como consecuencia, el arancel medio se incrementaría del 1,6% hasta el 6,7%, el máximo desde los años 70. La diferencia es que ahora EEUU es miembro de la OMC (Organización Mundial del Comercio), que permite para productos no agrícolas impuestos medios de hasta el 2,3%, excepto en el caso que se esgriman razones de seguridad nacional, vía que está utilizando de forma abusiva la administración Trump. En el límite, la OMC podría terminar expulsando a EEUU, lo que supondría total libertad para establecer las trabas a las importaciones deseadas y, por tanto, para iniciar una política de sustitución de importaciones que ya sabemos los efectos tan negativos que suele ocasionar, especialmente a los consumidores.

Sin irnos a los escenarios extremos, estimar los efectos del shock de oferta que puede suponer la escalada proteccionista es un ejercicio extremadamente complejo, pues depende del objetivo estratégico de la administración Trump (si es que existe) y de la respuesta del resto del mundo. A priori, los efectos directos no serán dramáticos si tomamos como referencia la subida del arancel medio americano hasta el 6,7%. Con una represalia limitada a China y la UE estaríamos hablando de un impacto sobre el PIB global del 0,3% sobre el escenario central, con un efecto asimétrico por países: Canadá sería el más perjudicado (-1,1%), seguido de México y EEUU (-0,5%), China (-0,3%) y la UEM (-0,2%). Bajo un escenario más negativo, donde todo el comercio global se viese afectado por este incremento de los aranceles (respuesta global), los efectos sobre el PIB serían mucho más intensos: -1,1% en EEUU, próximo al -0,9% en China y la UE, y -0,7% para el mundo (desviaciones respecto al escenario central, según estimaciones de la OCDE). En el caso de China, la respuesta está limitada por el volumen de importaciones procedentes de EEUU (130.000 millones en 2017), pero puede utilizar medidas no arancelarias sobre empresas de EEUU (limitar actividades, endurecer regulación) o restricciones al sector de servicios estadounidenses. No olvidemos que las visitas de turistas y estudiantes chinos a EEUU suponen un gasto de 32.000 millones de dólares, equivalente a las dos mayores importaciones de bienes que realiza China desde EEUU (soja y aviones). Sin olvidar que las empresas americanas tienen una presencia directa en el mercado chino mucho mayor que sus homólogas del gigante asiático. Con los últimos datos disponibles, las empresas estadounidenses obtuvieron ingresos por 220.000 millones de dólares por ventas internas a consumidores del país asiático. De hecho, esta semana Tesla anunciaba el establecimiento de una planta de producción en China, con el objetivo de producir 500.000 vehículos eléctricos al año.

Además, se debe tener en cuenta que en los cálculos anteriores no se contemplan efectos indirectos, como los debidos al aumento de la incertidumbre (muy difíciles de estimar), al deterioro en las condiciones financieras y de las expectativas (sobre todo para la inversión empresarial, por el cambio en las reglas del juego) y a los costes de la redistribución geográfica de la oferta (cadenas de valor). Incluir todo lo anterior en los modelos econométricos es una tarea poco factible, pero sólo considerando todos los ángulos del problema y aceptando las hipótesis más negativas llegaríamos a estimaciones como las que se han visto esta semana, con efectos acumulados sobre el PIB mundial del 3%.

De momento, nosotros preferimos seguir viendo el vaso medio lleno. Considerando la fortaleza de la economía global, especialmente la estadounidense: incluso bajo hipótesis relativamente pesimistas, es poco probable que el impacto ponga en riesgo la expansión global. No obstante, lo que sí parece claro es que también los efectos sectoriales serán asimétricos (con el automóvil a la cabeza de los más perjudicados), dependiendo del grado de especialización geográfica de la producción. Por ejemplo, para México constituye un riesgo mucho más importante NAFTA y, por tanto, el futuro de las maquiladoras que la llegada al poder de AMLO. Además, entre los efectos indirectos, hay que tener presente la respuesta de la política monetaria al aumento de la inflación, especialmente en EEUU, con una economía mostrando ya algunas evidencias de recalentamiento (IPC en el 2,9% en junio). Las primeras señales en EEUU advierten de que hay que permanecer vigilantes: en respuesta a la subida de los aranceles, los precios de las lavadoras se incrementaron un 15% de forma casi inmediata y los del acero un 20%. Además, el sector del automóvil es muy relevante para la economía estadounidense: el 44% de los vehículos vendidos son importados y, según las primeras estimaciones de la industria, las familias verían cómo se incrementa su coste medio en casi 6.000 dólares (25%), y en más de 2.000 dólares el de los fabricados en EEUU (en torno a un 15%), dado que contienen un 35% de componentes importados.

Finalmente, también se debe señalar el impacto que ha tenido la escalada arancelaria en los mercados de los países emergentes que ya venían muy tocados por las subidas de tipos de la FED y la apreciación del dólar. En este sentido, Asia que se mantuvo al margen de las correcciones en los primeros meses del año, ahora se está diferenciando negativamente, pues los aranceles a China pueden alterar las cadenas de valor de toda la región. Y, precisamente, los países asiáticos con elevados superávits de balanza corriente son los que más tienen que perder en caso de guerra comercial. El resultado es que las bolsas y divisas de China, Tailandia, Indonesia, Corea o Filipinas se encuentran entre los activos con peor comportamiento en el último mes, como pone de manifiesto la caída del MSCI Asia emergente del 8,6% en las últimas cuatro semanas. Si a lo anterior le añadimos el descenso de la rentabilidad del bono alemán por debajo del 0,3%, parece que hay en marcha un movimiento de risk-off que sólo puede cambiarlo a corto plazo la temporada de resultados empresariales en EEUU

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