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Crónica Macro Semanal: Continuidad en el horizonte

Estudios y análisis

22/12/2017

A punto de cerrar el ejercicio, es tradición realizar un repaso de las principales tendencias con las que la economía termina el año, así como intentar anticipar cuál será el comportamiento de las principales variables económicas y financieras en los próximos doce meses. 

Tiempo de lectura: 4 minutos

Bankia Crónica Macro Semanal

Bankia Crónica Macro Semanal

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

Respecto a la parte más sencilla de la ecuación, el principal mensaje es que durante 2017 la economía mundial experimentó una aceleración sincronizada y, en gran medida, no anticipada, hasta ritmos de crecimiento extraordinariamente dinámicos y superiores al potencial en prácticamente todas las grandes economías, obligando a revisar al alza de manera sustancial las previsiones de crecimiento. Nadie pensaba a principios de año que un ciclo expansivo que deambulaba con evidentes síntomas de agotamiento iba a ser capaz de levantar el vuelo y presentar los mejores registros desde 2010. Con una característica adicional, la aceleración de la actividad se ha producido de forma sincronizada, con prácticamente todos los motores aportando crecimiento.

Ese reparto homogéneo en las contribuciones al crecimiento aumenta las probabilidades de un alargamiento de la fase expansiva que, cabe calificar como madura, atendiendo a la duración tradicional de esta etapa del ciclo económico. En medio de ese comportamiento destacado de la coyuntura internacional, la sorpresa positiva, por primera vez en muchos años, la ha constituido el desempeño de la UEM. Es difícil encontrar precedentes de una brecha tan amplia entre las previsiones de crecimiento realizadas a principios de año para la región (1,3%-1,4%) y los datos con los que se cerrará el ejercicio (2,3%-2,4%). También, en el caso de la economía española, el ruido del último trimestre nos hace olvidar que, en enero de este año, la previsión media (consenso de FUNCAS) de crecimiento para 2017 era del 2,4% y vamos a cerrar el ejercicio con ritmos claramente superiores al 3%.

La explicación detrás de ese repunte generalizado de la actividad estriba en la retroalimentación de unas condiciones financieras extraordinariamente laxas con la mejora de las expectativas de los agentes, hasta máximos de la actual fase cíclica, y la recuperación del comercio mundial. Todo ello aderezado con un progresivo alejamiento del comportamiento de los precios del riesgo de deflación, pero sin acercarse a los objetivos de los bancos centrales. Es decir, hemos visto la combinación ideal de crecimiento e inflación (ambas variables ni demasiado calientes ni demasiado frías), pues permite consolidar un crecimiento nominal en la zona del 4%, sin obligar a responder de forma contundente a los bancos centrales. Situación ideal para que sigan mejorando los beneficios empresariales y se haga algo menos duro el proceso de desapalancamiento de los agentes. Finalmente, también se debe reseñar que la incidencia de los "shocks" de incertidumbre causados por el aumento del riesgo político ha sido inferior a la esperada.

¿Y que cabe esperar para 2018? Las dudas se centran, principalmente, en si la economía mundial podrá mantener la fortaleza actual por segundo año consecutivo o bien se desacelerará suavemente hasta ritmos potenciales o cercanos a potenciales. Hay argumentos que apoyarían una moderación de la actividad, sobre todo, en la segunda mitad de 2018, entre los que destacan: (i) los efectos negativos sobre el consumo global del encarecimiento del petróleo (más de un 40% desde junio) en un contexto de debilidad salarial en las grandes economías desarrolladas; (ii) la previsible pérdida de empuje de China (se observan señales de debilitamiento, asociado principalmente a políticas macroprudenciales); y (iii) la gradual reducción de la liquidez global, por los pasos en la normalización monetaria de EEUU (en la UEM, habrá que esperar, probablemente, hasta 2019 para asistir a alguna medida restrictiva). En cualquier caso, estos dos escenarios que se perciben como más probables son de continuidad o de suave desaceleración (no confundir con debilidad), ambos benignos y positivos para la estabilidad de los mercados financieros. Considerando las muy favorables condiciones de partida, en ausencia de un shock exógeno severo (imprevisible), un escenario realmente adverso -desaceleración intensa o recesión- en el horizonte de un año es un suceso, a día de hoy, poco probable. En el lado de las sorpresas, habrá que seguir el comportamiento de la inflación, pues cualquier dato por encima de lo esperado podría complicar la vida a los bancos centrales. Finalmente, el pulso actual de la economía española sigue siendo muy sólido y la suma de inercia cíclica más la mejora del contexto internacional podrían situar el ritmo de avance del PIB cerca del 3%. En consecuencia, encaramos un 2018 con tanta o más confianza con la que hace un año hicimos los pronósticos para 2017.

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