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Crónica macro: Expectativas de porcelana

Estudios y análisis

08/04/2016

Durante las últimas semanas, buena parte del debate económico en nuestro país se ha centrado en las desviaciones potenciales de los datos de crecimiento de la economía española respecto a la senda prevista, teniendo en cuenta los aumentos de los niveles de incertidumbre (externos e internos).
Bankia Crónica Macro Semanal

Bankia Crónica Macro Semanal

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

De momento, nuestra percepción es que se detectan una moderada inflexión negativa en las expectativas, medidas a través de los índices de confianza, y una suave desaceleración de la actividad, pero sin muchas desviaciones respecto a lo esperado hace seis meses. En esta línea, las señales de los indicadores conocidos esta semana tampoco constituyen ninguna sorpresa. Aun ajustando el efecto Semana Santa, el mercado laboral mantiene un tono positivo en el inicio de 2015, aunque algo más moderado que hace un año: la afiliación aumentó en marzo en 138.086 personas (+160.579 en marzo de 2015). En términos desestacionalizados, la creación de empleo (+59.161) fue la más intensa en 11 meses, aunque la media trimestral fue algo más floja (+38.752 de enero a marzo frente a +50.675 en el cuatro trimestre de 2015). Por su parte, la producción industrial mantuvo la senda de ralentización con la que inició 2016: el crecimiento del 2,2% fue el más bajo en 10 meses, de modo que el avance acumulado en lo que va de primer trimestre se reduce hasta el 2,8% (+4,1% en el cuarto trimestre de 2015). Finalmente, la sorpresa positiva fue el comportamiento del mercado de la vivienda en febrero. La compraventa de viviendas rompe la tendencia de desaceleración que se venía observando en los últimos meses y lo hace tanto en vivienda usada como en vivienda nueva. En total se efectuaron 34.771 compraventas de vivienda, la cifra mensual más alta registrada en tres años, con un incremento interanual del 15,8%, que contrasta con el descenso del 2,9% anotado en enero. Con toda esta información, mantenemos la previsión de crecimiento del 0,7% para este trimestre, que puede comparar mal con el extraordinario registro de hace un año (+0,9%), pero que estaría por encima de los ritmos trimestrales de recuperación que esperábamos para la economía española hace 18 meses (0,5%) y, sobre todo, muy por encima de las estimaciones de crecimiento potencial.

En este sentido, frente a la atención que suscitó la ligera revisión a la baja de la previsión de crecimiento para la economía española que realizó la semana pasada el Banco de España, prácticamente han pasado desapercibidas las nuevas estimaciones de crecimiento potencial realizadas por la autoridad monetaria española. El PIB potencial mide el nivel máximo de producción que un país puede alcanzar con el trabajo, capital y tecnología existentes, sin provocar presiones inflacionistas. Es, por tanto, una variable necesaria para el cálculo del déficit público estructural o para valorar la posición cíclica de una economía, pero, sobre todo, es una señal de cuál puede ser el crecimiento tendencial de un país si no se realizan cambios en el lado de la oferta. El problema es que el crecimiento potencial no es una variable observable y para su estimación deben utilizarse métodos estadísticos o modelos económicos sujetos a diferentes hipótesis, de manera que los resultados obtenidos pueden ser muy sensibles al método elegido (y, por tanto, discutibles). La reciente estimación del Banco de España concluye que, desde 1983 a 2007, el crecimiento potencial fue del 3%, prácticamente el mismo ritmo de avance medio que experimento el PIB en esa etapa (3,3%). Mientras en la década de los 80, la mayor parte del crecimiento potencial vino de la mano de la productividad total de los factores (aportó 2 puntos porcentuales), en los noventa se repartió de forma equitativa entre la productividad total de los factores y los factores de producción. Finalmente, de 2001 a 2007, el protagonismo lo asumieron la acumulación de capital, especialmente en construcción (1,6 puntos porcentuales), el incremento de la población (inmigración) y el aumento de la tasa de participación. Sin embargo, desde el inicio de la crisis, el aumento del paro estructural, la desaceleración del crecimiento de la población y el fuerte ajuste de la inversión han conllevado una bajada del crecimiento potencial hasta tasas incluso inferiores al 1% (0,7% en 2016 y 0,9% en 2017).

De hecho, la previsión del Banco de España es que cerraríamos esta década con un crecimiento potencial del 1,1%, muy por debajo del alcanzado en ciclos expansivos anteriores. Así que, con estabilidad en la demografía, sin una fuerte recuperación del proceso inversor, una bajada del paro estructural o una recuperación de la productividad estaríamos abocados a lo que el FMI está definiendo como la “nueva mediocridad”. Porque, según los cálculos del FMI, esos bajos niveles de crecimiento potencial son una tendencia presente en la mayoría de las principales economías del mundo. Y, más allá, de la necesidad de aumentar el stock de capital (público y privado), la bajada del paro estructural y el aumento de la productividad sólo pueden conseguirse con reformas de oferta.

En este sentido, el FMI ha presentado un análisis sobre el papel que puedan jugar las reformas estructurales por el lado de la oferta para aumentar el crecimiento potencial en el largo plazo y estimular la demanda agregada en el corto plazo (a través de una mejora de la confianza de los agentes). El organismo se centra en las reformas en los mercados de bienes y servicios y en el mercado laboral. El impacto positivo de este tipo de reformas en el largo plazo está ya documentado en la literatura económica. Ahora, el FMI se plantea su impacto en el corto y medio plazo sobre la demanda y la creación de empleo; sobre todo, en el contexto actual de ‘estancamiento estructural’. Según el FMI, las reformas en los mercados de bienes y servicios tienen efectos positivos, incluso en el corto plazo, y su mayor o menor impacto no depende necesariamente del momento por el que atraviesa la economía. Sin embargo, el impacto de las reformas en el mercado laboral en el corto plazo depende tanto de las medidas concretas como del momento por el que atraviesa la economía. Si está creciendo por debajo de su potencial, rebajas en las cotizaciones laborales y políticas activas de búsqueda de empleo tienen un impacto positivo especialmente significativo en la actividad; básicamente, porque, normalmente, llevan asociadas un mayor estímulo fiscal. Por el contrario, reformas encaminadas a reducir la protección del empleo o recortar los sistemas de subsidios suelen ser positivas a largo plazo, cuando la economía atraviesa por un buen momento; pero tendrán un impacto muy negativo sobre la demanda interna en economías que ya están débiles. En balance, el FMI advierte que es necesario hacer una correcta secuencia de las reformas para que el efecto de las medidas sea el deseado: recomienda priorizar aquellas relacionadas con los mercados de bienes y servicios. En cuanto al mercado laboral, pide priorizar las políticas que incluyan cierto grado de estímulo fiscal.

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1 comentario

09 de abril de 2016 a las 11:43Josep Ribes Garcia
No hay remedios milagrosos, las soluciones que aportan los cambios son a medio y largo plazo. ¿Por que se desacelera el crecimiento? por que la gente espera que le solucionen la vida y votan a Podemos, con lo que hunden al pais, hunden la confianza de los que SI quieren hacer algo, ¿Cómo vas a trabajar para Podemos, para la castuza?

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