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Crónica macro: Estabilidad en un contexto hostil

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Bankia Crónica Macro Semanal

Publicado el 26 de febrero de 2016 a las 15:00 por José Ramón Díez Guijarro
A la velocidad que se suceden los acontecimientos en los últimos meses, ya sean económicos, financieros o políticos, los datos de Contabilidad Nacional de la economía española del último trimestre de 2015 pueden parecer una información ya anticuada.

Pero esa fotografía del pulso de la actividad en nuestro país sigue siendo la más completa para analizar la tendencia y, por tanto, la inercia de nuestra economía. En ese sentido, es importante resaltar dos ideas: i) en la información publicada no hay nada que no se esperase, es decir, no ha habido sorpresas (ni positivas, ni negativas) y ii) los datos de octubre a diciembre reflejan una elevada solidez del crecimiento y, además, algo más de equilibrio entre demanda nacional y demanda externa. Así que, en el territorio hostil en el que se ha convertido la coyuntura económica internacional en los últimos meses, la economía española sigue destacando de forma positiva, aunque con las vulnerabilidades conocidas por todos y que, este viernes, volvía a sacar a la luz la Comisión Europea.

Aunque la evolución de la economía española a lo largo de 2015 fue de más a menos, a medida que se iba moderando el impacto positivo de algunos impulsos (internos y externos), el PIB concluyó el año con un crecimiento del 0,8% trimestral de octubre a diciembre, un ritmo sostenido (igual que el del trimestre anterior) y sólido y que, además, nos coloca entre las economías más dinámicas de una zona euro que, en media, sólo crece un 0,3% trimestral. El principal motor de la actividad continuó siendo la demanda interna, aunque su aportación al crecimiento trimestral fue de 0,6 puntos porcentuales, la mitad que en el trimestre anterior. Tanto el consumo, sobre todo el de los hogares (0,8% trimestral frente al +1,1%), como la inversión, en especial en bienes de equipo (1,9% frente al 2,6%), ralentizaron sus ritmos de avance. Esto no puede sorprender a nadie, pues lo anormal fue el comportamiento de la demanda nacional en el primer semestre de 2015, cuando creció a ritmos anualizados próximos al 5%, al sacar los agentes del cajón decisiones de inversión y consumo que habían estado paralizadas durante la crisis.

Por lo que respecta a la demanda externa, tuvo un comportamiento muy positivo en el trimestre, contribuyendo con dos décimas al avance del PIB, el mejor registro en tres años. Aunque se frenaron los intercambios con el exterior, reflejando la desaceleración del comercio mundial en los últimos meses del año, las exportaciones crecieron tres veces más que las importaciones (+0,9% frente a +0,3%). Lo tradicional en el comportamiento de la economía española era que, a estas alturas de la recuperación, la demanda externa ya estuviese restando crecimiento de forma muy apreciable. Y, por tanto, ese equilibrio/ superávit que mantienen nuestros intercambios con el exterior, incluso cuando la demanda nacional crece muy intensamente, hay que valorarlo de forma muy positiva. Ya escribíamos la semana pasada que esa es, precisamente, la gran transformación de la economía española desde el principio de la crisis.

En tasa interanual, el PIB se aceleró una décima hasta el 3,5%, en lo que debería constituir el máximo del crecimiento anual, pues a partir de ahora habría que esperar una moderación de los crecimientos trimestrales por debajo de los registrados en el primer semestre de 2015. De la misma forma, aunque a veces pasa algo desapercibido, el comportamiento del PIB nominal también es muy importante para una economía apalancada. En este sentido, el crecimiento nominal se aceleró hasta un ritmo del 4,3% en términos interanuales, la tasa más alta desde 2008.

Por su parte, la creación de empleo amortiguó ligeramente (una décima) su vigor hasta el 0,6% trimestral (3% interanual). De esta manera, el volumen de ocupación recupera los niveles de 2012 (17 millones) tras crearse casi medio millón de empleos en el último año. En cuanto a los costes laborales unitarios (CLUs), repuntan seis décimas hasta el 0,4% interanual, impulsados por la aceleración de la remuneración por asalariado (+0,9%, la tasa más alta desde finales de 2013), más intensa que el ritmo de avance de la productividad (+0,5%). En todo caso, este moderado ritmo de avance de los CLUs todavía no es preocupante, pues está muy lejos de los registros anteriores al estallido de la crisis (+3,3% de media en 2000-2007). Eso sí, la competitividad es la clave para mantener el buen comportamiento de la demanda externa.

En definitiva, en el conjunto de 2015 el PIB creció al mayor ritmo desde 2007, un 3,2% (+1,4% anterior). A este elevado dinamismo contribuyeron: i) por el lado de la demanda interna, el afloramiento de gasto contenido, tras la larga y profunda crisis, y una política fiscal menos restrictiva; y ii) por el lado de la demanda externa, los avances en la mejora de la competitividad y la consiguiente solidez de las exportaciones, con crecimientos superiores al comercio mundial. De este modo, el PIB acumula un crecimiento del 6,1% desde mínimos, si bien todavía se encuentra un 3,8% por debajo de los niveles de 2008. Para este año, gracias a la inercia positiva del consumo, la inversión y el empleo, junto con la intensa y prolongada corrección del precio del petróleo, que podría añadir tres décimas al crecimiento, el ritmo trimestral del PIB se mantendrá en tasas dinámicas, de modo que el crecimiento medio anual se situará en el entorno del 2,8%.

En todo caso, han aumentado los riesgos a la baja en el escenario, tanto externos (desaceleración del crecimiento global, inestabilidad financiera global, recomendaciones de política fiscal de Bruselas, etc) como internos (incertidumbre política). Si la inercia es, según la RAE, la propiedad de los cuerpos de mantener su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza contraria a dicho movimiento, de la intensidad de esas potenciales fuerzas contrarias a la dinámica positiva del crecimiento español dependerá el comportamiento del PIB en el medio plazo. Todo ello es, ahora mismo, muy difícil de estimar, pero lo que sí parece claro es que el crecimiento potencial de la economía española no debe ser muy superior en estos momentos al 2%. Por tanto, más allá de las discusiones sobre la combinación óptima de política monetaria y fiscal que necesitamos, se debería seguir incidiendo en las reformas destinadas a alcanzar un uso más intenso (empleo) y eficiente (productividad) de los factores de producción.

España: PIB (4T15)

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1 comentario

27 de febrero de 2016 a las 12:18Josep Ribes Garcia
Un factor muy importante en la desaceleración del 2º semestre es el resultado de las elecciones que añaden una gran incertidumbre al desarrollo económico.
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