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Crónica macro: Estabilidad dentro de la desaceleración

Estudios y análisis

01/04/2016

Durante la semana se ha publicado abundante información de la economía española que permite completar el diagnóstico sobre el pulso económico de nuestro país en los últimos meses.
Bankia Crónica Macro Semanal

Bankia Crónica Macro Semanal

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

En primer lugar, el Banco de España ha anticipado que la actividad creció un 0,7% en el primer trimestre del año, una décima menos que en el último trimestre de 2015, pero en línea con la suave desaceleración que anticipan la mayoría de analistas. Además, el banco central actualizó sus previsiones de PIB tanto para 2016 (+2,7%), como para 2017 (+2,3%), en línea con las del consenso recopilado por FUNCAS. Por tanto, una vez finalizado el primer trimestre, no se detectan sorpresas de ningún tipo en la evolución esperada de la actividad nacional: la desaceleración se ha ajustado a lo esperado, pues los efectos potenciales de algo más de incertidumbre (interna y externa) parecen haberse compensado por las bajadas de los precios del crudo.

En segundo lugar, se publicaron los datos de balanza de pagos del mes de enero, que esta vez parecen haber concitado menos relevancia mediática que los conocidos hace un mes. En el lado de la cuenta corriente, el déficit aumentó de forma muy moderada con respecto al de hace un año (de 400 a 700 millones de euros) debido, en su mayor parte, al crecimiento de las importaciones de bienes y servicios, pues las exportaciones siguieron avanzando, aunque a ritmos más moderados (2%). Especial relevancia tiene el análisis de la cuenta financiera, pues registra los movimientos de capitales y, por tanto, las decisiones de inversión en nuestro país de los extranjeros (además de las nuestras en el exterior). En este sentido y despejando algunas dudas, en el mes de enero no se produjeron salidas de capitales de España; al revés, se registraron entradas netas por valor de 16.000 millones (excluido Banco de España), cuando el año pasado en el mismo mes entraron 7.800 millones de euros. A destacar que los extranjeros han incrementado su posición en inversión directa (inmuebles y empresas) y en inversión en cartera (bonos y acciones) en 11.000 millones de euros. Finalmente, la posición deudora neta del Banco de España frente al exterior se redujo en 6.700 millones de euros, lo que refleja una menor apelación de las entidades financieras españolas a la financiación del BCE. Por tanto, también normalidad por este lado: no se perciben grandes cambios en un termómetro esencial para medir la temperatura del país como es la balanza de pagos.

En tercer lugar, esta semana se publicaron las cuentas no financieras de la economía española del cuarto trimestre de 2015 y, por tanto, ya tenemos la información completa de cómo evolucionaron las decisiones de ahorro e inversión de los diferentes agentes en el último año. En 2015, la economía española no sólo generó capacidad de financiación por cuarto año consecutivo; es decir, el ahorro interno superó a la inversión, sino que, además, el saldo positivo aumentó sensiblemente, un 40,7% hasta el 2,1% del PIB (1,6% anterior), muy cerca del máximo alcanzado en 2013 (2,2%). Como hemos comentado en otras ocasiones, es fundamental para una economía como la nuestra con unos elevadísimos niveles de deuda externa neta (90,5% del PIB en 2015 frente al 95,6% en 2014) seguir manteniendo capacidad de financiación. Además, esto se consiguió el año pasado sin menoscabo de una recuperación de la inversión: creció un 8,5% hasta el 20,6% del PIB, máximo desde 2011, aunque todavía lejos de los niveles pre-crisis (por encima del 31% en 2006-2007), gracias a que el ahorro creció con más intensidad (+10,3% hasta el 22,1% del PIB, un nivel similar al que existía antes del estallido de la crisis). Como en años anteriores, el comportamiento por agentes fue muy diferente, pues mientras hogares y empresas mantienen una elevada capacidad de financiación (superior al 7% del PIB), lo que sigue reflejando una elevada contención de las decisiones de inversión, la necesidad de financiación del sector público sigue siendo muy elevada (5,2% del PIB), debido a que se mantienen niveles altos de desahorro público (consumo público muy superior a los ingresos por impuestos) y a que la inversión pública aumentó un 20%.

Precisamente, el anuncio del dato de déficit público en 2015 (5,2% del PIB) ha constituido la mayor sorpresa de la semana al superar la mayoría de previsiones. En 2015, un ejercicio en que la economía consolidó su dinamismo y registró el mayor crecimiento en ocho años, las AA.PP. no sólo volvieron a incumplir el objetivo de déficit acordado con la Comisión y fijado en el Programa de Estabilidad, sino que la desviación superó los 10.000 millones de euros: el déficit, excluidas las ayudas al sistema financiero, apenas se redujo en 4.567 millones, hasta el 5,16% del PIB, cuando el límite estaba situado en el 4,2%. Las Administraciones responsables de esta desviación fueron las CC.AA. (déficit del 1,66% del PIB frente a objetivo del 0,7% del PIB) y la Seguridad Social (-1,26% frente al -0,6% del PIB). Por su parte, la Administración Central redujo su déficit un 21,8% hasta el 2,68%, dos décimas por debajo del objetivo y, como viene sucediendo en los últimos años, las Corporaciones Locales tuvieron una evolución mejor de lo previsto (superávit del 0,44%, frente al equilibrio fijado en principio). Más allá del debate sobre la intensidad del ajuste fiscal necesario este año para alcanzar los objetivos establecidos por Bruselas, que podría superar los 25.000 millones de euros, y de la necesidad de cambiar el mecanismo de financiación de las Comunidades Autónomas, preocupa que, a pesar del vigoroso crecimiento del PIB (3,2%) y del empleo (más de 500.000 puestos de trabajo), el déficit de la Seguridad Social se haya ampliado un 25,1% hasta más que duplicar el objetivo. Esto refleja un grave problema estructural, dado que las variables determinantes de los ingresos (número de trabajadores y nivel salarial) avanzan muy por debajo de las determinantes de los gastos (número de pensionistas y pensiones medias).

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