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Crónica Macro Semanal: Semana sin sorpresas negativas

Estudios y análisis

26/10/2018

Sin sorpresas en el comportamiento del mercado laboral español en el tercer trimestre. El número de ocupados aumentó en 183.900 personas, algo menos que en el mismo período de 2016 y 2017, pero más que en los primeros años de la recuperación (2014 y 2015). En términos desestacionalizados, el ritmo de creación de empleo (+0,48%) se ralentiza con respecto al trimestre anterior, pero trasmite una señal parecida a la de la afiliación a la Seguridad Social, consistente con ritmos de crecimiento del PIB del 0,6% de julio a septiembre.

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Estudios o informes

Estudios o informes

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

Si tenemos en cuenta los últimos doce meses, la economía española habría creado 478.800 puestos de trabajo, lo que supone un crecimiento del empleo del 2,5%. En términos acumulados, desde el inicio de la fase cíclica expansiva se habrían recuperado 2,58 millones de empleos, aunque todavía faltarían otros 1,23 millones para alcanzar los niveles de antes de la crisis. Es decir, mientras en términos de PIB ya se ha recuperado todo el crecimiento perdido durante la recesión, en empleo tardaremos en verlo.

¿Qué tipo de empleo creó la economía española en el tercer trimestre? El tradicional de la etapa estival: i) en el sector servicios (+210.000 empleos), sobre todo en hostelería (43% del total); ii) temporal (+151.000 empleos versus +25.300 indefinidos) con lo que la temporalidad aumentó seis décimas hasta el 27,4%, una de las más elevadas de nuestro entorno; y iii) a tiempo completo (+369.800 frente a una caída de 185.900 empleos a tiempo parcial). Teniendo en cuenta que los activos aumentaron en 20.000 personas en el tercer trimestre, el número de desempleados se redujo en 164.000 personas, situándose la tasa de paro por debajo del 15% (14,55%) por primera vez desde 2008. Es verdad que estamos lejos de los máximos de tasa de paro (27% de la población activa) pero, cinco años después del inicio de la recuperación de la economía española, nuestra tasa de desempleo sigue duplicando a la de nuestros principales socios comerciales. Además, el grado de infrautilización de nuestro mercado laboral todavía sería mayor si tuviésemos en cuenta los trabajadores desanimados y aquellos subempleados; es decir, los que desearían trabajar más horas, con especial mención al 54% de trabajadores a tiempo parcial (1,5 millones) que siguen prefiriendo un trabajo a tiempo completo.

En una reunión de transición, con el tema italiano presidiendo buena parte de las preguntas de los periodistas, el presidente del BCE mantiene la hoja de ruta preanunciada en reuniones anteriores, pues no parece preocuparle la pérdida de dinamismo de la economía europea, ya que el crecimiento sigue superando al potencial y, sobre todo, porque, en los últimos meses, han aumentado las probabilidades de que la inflación se vaya acercando al objetivo, teniendo en cuenta el comportamiento de los precios del petróleo y de los salarios. En esa senda de normalización, cuatro decisiones fundamentales se tendrán que tomar en los próximos meses: final del QE, inicio de la subida de tipos, política de reinversión de vencimientos de la deuda y futuro de las subastas de TLTRO. El punto de partida es el ya conocido: tipo de la facilidad de depósito en negativo (-0,4%), compras acumuladas en el programa QE equivalentes a 2,5 billones de euros, operaciones de financiación a largo plazo superiores a 700.000 millones de euros y vencimientos de cartera de casi 120.000 millones de euros sólo en el primer semestre del año. Descontado el final del QE en enero, pues mucho tendría que cambiar el escenario para que el BCE siguiera acumulando bonos en su cartera de valores, la única duda (como reconoció Draghi) serán los criterios para realizar las reinversiones y, por tanto, si mantener o no la clave de capital como hace 5 años. En cuanto a los tipos de interés, nada hace pensar que vayamos a ver novedades antes de octubre (coincidiendo con la última rueda de Prensa de Draghi), siendo la incógnita principal si puede haber alguna extensión en el programa de financiación a largo plazo TLTRO que, en teoría, terminaría con el vencimiento de marzo de 2021. Es ahí, donde el BCE puede tener más capacidad de respuesta a un aumento de la inestabilidad en Italia, ya que no debe cubrir los déficits públicos. La otra vía, la utilización de compras de deuda para responder a un foco regional de inestabilidad en la zona euro, implicaría la activación del programa OMT, que está sujeto a una estricta condicionalidad por parte del ESM o, lo que es lo mismo, a un programa de ajuste macroeconómico. Y no parece que el gobierno italiano actual sea muy favorable a ningún tipo de condicionalidad, ya sea estricta o condescendiente.

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