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Comentario Macro Semanal (11 de diciembre de 2015)

Estudios y análisis

11/12/2015

1. En una semana que, en teoría, debería haber sido de transición entre las reuniones de los dos grandes bancos centrales, el comportamiento del precio del petróleo acaparó todo el protagonismo, al marcar nuevos mínimos anuales por debajo de 40 dólares, reflejando la falta de acuerdo en la última reunión de la OPEP. La extensión de las tradicionales desavenencias políticas entre Arabia Saudí (10 millones de barriles día) e Irán (4,3 millones de barriles) al terreno económico impidieron ajustar a la baja la oferta.
Comentario Macro Semanal

Comentario Macro Semanal

José Ramón Díez Guijarro

Director de Estudios de Bankia

De esta manera, la protección de las cuotas de mercado seguirá siendo el objetivo de los grandes productores en el corto plazo, lo que asegura elevados niveles de existencias y precios bajos para los próximos meses. De hecho, los datos de producción de la OPEP en noviembre publicados esta semana (31,7 millones de barriles por día) están claramente por encima del objetivo que tenía el cártel hasta la reunión del viernes pasado (30 millones de barriles). Algo que no cambiará a corto plazo, mientras Arabia Saudí siga intentando mantener cuota frente a los grandes productores no-OPEP como Rusia o EEUU, lo que de paso erosiona la viabilidad de parte de la nueva producción americana ligada a técnicas de "fracking". La consecuencia será una revisión a la baja de las previsiones del precio del petróleo al menos para 2016 (todo lo que se sitúe por encima de 50 dólares ya parece muy optimista), lo que conllevará una actualización de las estimaciones de inflación y crecimiento. En este contexto, el precio del resto de materias primas mantiene su tendencia a la baja, al situarse los índices compuestos en zona de mínimos de los últimos 16 años, obligando a los gigantes del sector (Anglo American) a recortar en dos tercios su plantilla (85.000 empleados). De cara a un año 2016 con muchos riesgos abiertos, desde luego el comportamiento de las materias primas va a ser uno de los que incorporará mayor potencial desestabilizador.



Respecto a la FED y con una probabilidad de subida la próxima semana superando el 80%, queda por conocer la intensidad de la misma (tan negativo será excederse como quedarse corto) y la comunicación de la decisión, fundamental para que los mercados ajusten las expectativas. De momento, los inversores esperan algo diferente a otros ciclos de normalización monetaria, teniendo en cuenta que los tipos de interés neutrales han bajado de forma estructural. Esto supondría no mucho más de 100 puntos básicos de subida acumulada (una subida cada dos reuniones), algo consecuente con unas dudas sobre la madurez del ciclo expansivo de la economía americana que se reflejan en unas expectativas de recesión del 50% en el plazo de dos años y del 66% en el horizonte de tres años. Por tanto, parece que estamos abocados a un endurecimiento monetario no convencional que impediría utilizar la experiencia histórica para anticipar movimientos de los mercados. De hecho, ya están apareciendo previsiones del bono americano a 10 años para finales de 2016 con rentabilidades muy por debajo del 2%, lo que implicaría un ciclo cortísimo de subidas de tipos (descontaría un rápido enfriamiento de la actividad). Tengan o no razón, lo cierto es que el comportamiento de los mercados cada vez se complica más, pues los grandes movimientos alcistas o bajistas se concentran en periodos cortos de tiempo (por ejemplo, mayo o agosto en este año), de manera que los errores en esos momentos se pueden llevar por delante las rentabilidades de las carteras para todo el año. Así que habrá que estar atentos a las reacciones de la semana que viene.

2. En España se han publicado los datos de deuda pública del tercer trimestre que reflejan una aceleración del ritmo de crecimiento tanto en términos trimestrales (+0,9% vs +0,6% anterior) como interanuales (+4,1% vs +4%). No obstante, en términos de PIB la deuda se mantiene estable (99,3%), debido al avance del PIB nominal (+4,2% interanual). Las señales por Administraciones continúan siendo las mismas; contrasta el intenso y prolongado retroceso de la deuda de las Corporaciones Locales (-9,9% interanual hasta mínimos desde mediados de 2011) con el dinamismo que aún mantienen la Administración Central (+4,8%) y, en especial, las CC.AA. (+9%).

También se ha conocido el dato de gasto en I+D de la economía española, que en 2014 cayó un 1,5%, situándose en el 1,2% del PIB, muy por debajo de la media de la UE28 que está en el 2% y de los países nórdicos de referencia como Finlandia (3,17%), Suecia (3,16%) o Dinamarca (3%). Conseguir estrechar esta brecha en inversión en  innovación (pública y privada) debería ser uno de los objetivos de la política económica en los próximos años.

Por último, los últimos datos demográficos publicados por el INE reflejan el impacto de la crisis económica y de la propia composición de la pirámide poblacional en las variables demográficas, de forma que el saldo vegetativo ha vuelto a la situación negativa previa al boom de la inmigración de comienzos del siglo XXI. Esta caída vegetativa, unida a una salida neta de población al exterior, han supuesto un nuevo descenso de la población residente, que en el primer semestre de 2015 se situó en 46.423.064 habitantes, 395.152 menos que al 1 de enero de 2012, cuando la población española alcanzó su máximo. Por tanto, estamos ante una preocupante caída y envejecimiento de la población, derivado de saldos negativos tanto en el crecimiento vegetativo (más defunciones que nacimientos) como de los movimientos migratorios. Estos impactos demográficos tardan en hacerse efectivos, pero cuando lo hacen son implacables e imposibles de corregir en el corto plazo y, además, se retroalimentan, de manera que el creciente envejecimiento afecta negativamente a la natalidad, que a su vez se traduce en un mayor grado de envejecimiento de la población. En definitiva, un problema estructural que, por su grave impacto tanto en el crecimiento potencial de la economía como en la financiación del gasto social o en la capacidad de ahorro de la economía, exige una estrategia demográfica pública para las próximas décadas.



José Ramón Díez Guijarro, Director de Estudios de Bankia.

 

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