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Bancos Centrales: qué son y por qué te deben interesar

Cultura de banca

28/10/2015

¿Subir o no subir los tipos de interés? El mundo económico y financiero lleva meses tratando de adivinar el modo en que la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), el banco central del país, resuelve este enigma en cada una de sus reuniones. La tensión y las apuestas crecen ante la próxima cita de Yanet Yellen, la presidenta de esta institución y sus chicos, prevista para hoy por la tarde.
Banco Central Europeo

Banco Central Europeo

A priori, cabría pensar: ¿por qué los españoles debemos interesarnos por lo que haga el banco central de otro país cuando nosotros tenemos nuestro propio banco central para tomar decisiones?

Está claro que todos los países (o casi todos) tienen un banco central entendido como esa institución financiera encargada de gestionar la política monetaria. En la mayoría de los casos, los bancos centrales son algo así como los reguladores del tráfico del dinero que hay en la economía de un país. Ellos deciden la afluencia de vehículos (billetes) por las calles, su valor y si son suficientes o no para el correcto funcionamiento del país. Incluso tienen el poder de producir más dinero en caso de que las condiciones económicas así lo demanden.

Pero el poder de cada banco central en su país se transforma en una gota de agua en el océano de las finanzas mundiales. En este hay una Champions League que marca las pautas de la economía mundial. Mucho más desde que, tras la caída de Lehman Brothers y el estallido de la crisis financiera, los bancos centrales se han convertido en las grandes tablas de salvación del planeta.

A la cabeza de esos rescates está, sin duda, la Reserva Federal de Estados Unidos. El gran banco central que en 2008 no se lo pensó dos veces a la hora de insuflar dinero nuevo para rescatar a la banca estadounidense. La FED, además, ha contribuido a impulsar la recuperación económica mundial manteniendo la política de tipos de interés casi nulos que inició hace una década.

El dólar, con permiso del euro, podría considerarse la moneda del mundo. Por eso, cualquier decisión que afecte al dólar, afecta a una gran cantidad de países cuyas monedas están ligadas de una u otra manera al billete verde estadounidense y a todos los que tienen relaciones con ellos. Es decir, a todo el planeta. Por ello, el resultado de la reunión de la FED de esta tarde puede ser decisivo para apuntalar la recuperación o que la economía mundial vuelva a una recesión, según los economistas más agoreros.

El resultado no es fácil de adivinar, no se trata de un aleatorio deshoje de margaritas. Las decisiones de la Reserva Federal deben responder a unas pautas de actuación más o menos marcadas desde su creación, en diciembre de 1913. Sus políticas deben servir a la consecución de dos objetivos definidos por la ley que originó la institución. Por un lado, el control de la inflación (que no debe superar el 2%). Por otro, maximizar el crecimiento de la economía. Por su puesto, este segundo objetivo es mucho más complicado de medir que el IPC al 2%. Como principal indicador para comprobar la salud de la economía está la tasa de desempleo, que debe mantenerse cerca del 5%. Pero el análisis debe ser mucho más amplio y basarse en indicadores menos específicos.

Tanto que ahora, lo que están valorando Yellen y su equipo ya no son solo las condiciones de la economía estadounidense, sino cómo su decisión de subir tipos puede afectar a otros países del mundo como los emergentes y si los posibles problemas que ellos tengan se volverían, a modo de búmeran, contra la recuperación de la primera economía del mundo.

Por el contrario, en el Banco Central Europeo optaron por una mayor rigidez en su toma de decisiones. En 1999, cuando se creó para controlar la política económica de los países del euro, se diseñó aplicando el estilo del gran banco central que se diluía en su formación el Banco Central de Alemania conocido como Bundesbank. Los alemanes, obsesionados por el control de la inflación, consiguieron que el BCE tuviera un objetivo único para guiar sus decisiones: mantener la inflación por debajo del 2%.

Aparentemente, esto debía facilitar el trabajo de los reguladores pero, como ha quedado demostrado en la última crisis, las decisiones del BCE han llegado más tarde que las de la FED. Aun así, ambas instituciones han marcado la tendencia de la recuperación en sus zonas de influencia.

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