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Un año del Banco Central Europeo

24/11/2015

Este mes de noviembre se cumple el primer aniversario de la asunción por parte del Banco Central Europeo (BCE) de la responsabilidad de supervisión de las principales entidades europeas, en concreto de 123, entre las que se incluye Bankia.

Un año del BCE

Un año del BCE

José Sevilla Álvarez

Consejero delegado de Bankia

La sucesión de acontecimientos es tan rápida que, seguramente, no tenemos demasiado tiempo para valorar la trascendencia de los cambios sufridos, pero si hace cuatro o cinco años alguien hubiese asegurado que los supervisores nacionales iban a ceder el control sobre las entidades de sus países le habrían tomado por ingenuo.

Sin embargo, hoy la Unión Bancaria es ya una realidad que se va construyendo poco a poco.

Si tuviéramos que resumir qué ha cambiado en este último año seguramente hay cuatro grandes cuestiones que pueden abarcar el nuevo paradigma creado por la supervisión del BCE.

Enfoque "top down"

La primera de ellas se encuadraría dentro de un esquema de supervisión bajo la filosofía "top down", en el que el nuevo supervisor concede especial relevancia a aspectos de carácter estratégico de las entidades financieras. Es el caso, por ejemplo, del gobierno corporativo de las entidades, valorando tanto las capacidades de los miembros del consejo como el funcionamiento de los órganos de dirección.

Además, el BCE va más allá de la situación puntual de solvencia en un momento dado de las entidades, centrándose también en comprender el modelo de negocio de cada banco y su capacidad futura de generación de ingresos, en definitiva, la sostenibilidad de la cuenta de resultados.

Del mismo modo, dentro de esta filosofía, otro de los elementos cruciales para el supervisor es el análisis de riesgos y la capacidad de gestión de los mismos. Y, finalmente, se podría destacar la relevancia que le concede a la gestión de la liquidez.

Requerimientos individuales

La segunda de las grandes cuestiones tiene que ver con la aplicación del denominado Pilar 2, que lleva al BCE a, más allá de los mínimos regulatorios, pedir un nivel adicional de capital en función de la evaluación que hace de cada banco. Es un tema que en estos primeros años tiene un cierto halo de misterio, pues las entidades deben preservar confidencialmente la cifra que el supervisor les insta a cumplir. Dada su relevancia para los inversores, no sería de extrañar que, a futuro, se abra un debate sobre si esta cifra debe o no ser publicada.

Cumplir ahora y en situación de estrés

La tercera cuestión se refiere a la visión prospectiva del capital. Por entendernos, para el BCE no sólo es importante que una entidad cumpla los requerimientos que le hace en un momento concreto, tanto regulatorios como el anteriormente citado de Pilar 2, sino que demuestre su capacidad de cumplirlos en el futuro en el caso de que se produzca una evolución adversa de la economía.

En este sentido, los ejercicios de estrés pasan a ser un elemento crucial para la cuantificación de las necesidades de capital de los bancos. No ya los test públicos, sino también los efectuados internamente por las entidades. En este sentido, en los últimos días hemos visto cómo en diferentes países el BCE detectaba necesidades de capital en ciertos bancos.

Mayor involucración de los órganos de gobierno

Y, finalmente, la cuarta cuestión afecta a la relevancia que el BCE otorga a que el consejo de administración se involucre directamente en la vigilancia de la situación de solvencia y liquidez de las entidades. En este sentido, cobra especial importancia la definición por parte del consejo del denominado Marco de Apetito al Riesgo -que sea útil para los ejercicios de presupuestación y planificación financiera- y que no quede únicamente en su definición, sino que incluya un seguimiento periódico de los principales indicadores incluidos en dicho Marco, como, por ejemplo, los diferentes ratios de capital y liquidez; los ratios de morosidad y su cobertura, o indicadores del nivel de riesgo de mercado.

La respuesta de Bankia

Si los anteriores son los aspectos globales que han cambiado con el nuevo paradigma impuesto por el BCE, las entidades hemos tenido que ir dando respuestas al nuevo entorno que, incluso antes de noviembre del año pasado, se iba configurando.

En este sentido, por ejemplo, el Consejo de Administración de Bankia definió, en septiembre de 2014, su Marco de Apetito al Riesgo. De este modo, nos anticipamos a lo que iban a ser los requerimientos del supervisor.

En esta misma línea, el 22 de octubre de 2014, antes de que el BCE tomara el mando de la supervisión, creamos la Comisión Consultiva de Riesgos, integrada exclusivamente por consejeros independientes y cuya misión principal es asesorar al consejo de administración del banco en materia de riesgos y hacer seguimiento del cumplimiento del Marco de Apetito al Riesgo.

Y también ha cambiado la forma de relacionarse con el supervisor. De interés mediático han sido la asistencia del supervisor a reuniones de los órganos de gobierno de las entidades.

Algo más reservadas son las visitas a la sede del BCE, si bien el propio banco central ha desvelado buena parte de la agenda de sus altos cargos y en ella se ha podido comprobar -poco secreto desvelamos por tanto- la reunión que tuvo el presidente del BCE, Mario Draghi, con José Ignacio Goirigolzarri el pasado verano.

Pero las que sin duda se han visto más afectadas son toda una serie de direcciones en Bankia que son las que, a nivel operativo, mayor relación tienen con el supervisor. Es el caso, particularmente, de las direcciones de riesgos, financiera, intervención general o auditoría interna.

Hasta el punto de que, dado el nuevo mundo que se abre ante nosotros, hemos decidido crear una unidad especializada en los temas de supervisión que tiene una visión global de las implicaciones que tienen todas las actuaciones del nuevo supervisor en el banco.

En definitiva, si hace un año nos preguntábamos hacia dónde caminaría la supervisión en este nuevo escenario, hoy podemos responder, ya desde la experiencia, que lo hace hacia la consolidación de un sistema bancario europeo armonizado, con reglas del juego parejas y en el que la unión bancaria sea una realidad. En definitiva, los bancos podemos estar satisfechos del nuevo modelo.

José Sevilla Álvarez, Consejero Delegado de Bankia.

 

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