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Anecdotario, capítulo 2: La compleja jerga bancaria

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Anecdotario, capítulo 2: La compleja jerga bancaria

Publicado el 09 de agosto de 2019 a las 07:00 por José Luis Cantalejo Seguí

La comunicación es uno de los pilares que sustentan la relación banco-cliente. Lograr que sea clara y sencilla es un esfuerzo que merece la pena hacer porque los clientes lo merecen. Al fin y al cabo, nos debemos a ellos.

Entre las cerca de 700 historias de nuestro anecdotario hay muchas que muestran a las claras que, en ocasiones, los profesionales de banca nos empeñamos en utilizar una jerga que al cliente le resulta compleja y confusa. De ahí la importancia que, en los últimos años, Bankia está dando a la cercanía y a iniciativas que, como es el caso de Bankademia, fomenten la educación financiera entre la población.

Y aunque pongamos todo nuestro empeño en ello, lo cierto es que seguimos utilizando "palabros" extraños para la mayoría de los clientes por su complejidad y, sobre todo, por esa dichosa manía de usar términos anglosajones, olvidando que casi todos esos términos tienen una hermosa y perfectamente correcta y entendible traducción en castellano.

Pero como toda moneda tiene su cara y su cruz, el lado gracioso y entrañable de esta invasión lingüística anglosajona es que genera multitud de anécdotas en las oficinas, en las que a veces hay clientes que solicitan un "lifting" en lugar de un "leasing", preguntan por el índice "Don Johnson", o se interesan por el dinero que han invertido en el "Clinex", con dudas sobre si será mejor invertir en "telefónicas" que en eso de los pañuelos.

Las siglas también dan mucho juego en las operaciones y, sobre todo, en las anécdotas bancarias. Particularmente, me encanta la de aquel cliente que preguntó si había subido mucho el "olivo". Ante la cara de extrañeza del empleado, que pensó en si se estaría refiriendo a algún mercado de materias primas de EEUU o algo parecido, la conversación posterior terminó por aclarar las cosas:

"Sí hombre, eso que afecta a las hipotecas, que estoy preocupado por si me la suben.

¿Se refiere usted al Euribor?

¡Eso mismo, el uribo!"

EL IBAN, TODO UN PERSONAJE

Pero en el mundo de las siglas, el código IBAN de las cuentas es, sin duda, uno de los grandes protagonistas. Son muchas las historias sobre las confusiones que genera, la más habitual la del cliente que solicita que demos a ese Ibán de baja de su cuenta ya que "tiene que tratarse de un error" porque él no conoce a ningún Iván.

O la de aquella subdirectora de oficina que casi activa la alarma terrorista ante las declaraciones de un buen cliente que afirmaba conocer al "tal-ibán" que aparecía en su cuenta, pero que no quería compartir la cuenta con él. 

Y, tal vez la mejor, la de una clienta que preguntaba qué datos hacían falta para domiciliar la nómina. Tras ser informada de que tenía que darle a la empresa el IBAN de su cuenta, se enfadó un poco... "A ver por qué mi hijo Iván tiene que darle el número de cuenta a su empresa, si la empleada soy yo".

Anglicismos, siglas, lenguaje técnico... aunque todo ello genere situaciones anecdóticas, también marca un punto de distanciamiento que tenemos que evitar. Nuestro esfuerzo debe encaminarse a que el diálogo con el cliente sea fácil y fomente la cercanía y el entendimiento de sus necesidades. En eso estamos... nuestros clientes lo merecen. Orgullosos siempre de ellos.   

SOBRE El AUTOR

José Luis Cantalejo Seguí, director de comunicación interna de Bankia

Este post pertenece a la serie "El anecdotario de Bankia", una visión amable y divertida del día a día en nuestras oficinas. En el capítulo anterior: "Orgullosos de nuestros clientes".

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