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Anecdotario, capítulo 1: Orgullosos de nuestros clientes

Tiempo de lectura: 3 minutos

Leer más tarde Artículo Anecdotario, capítulo 1: Orgullosos de nuestros clientes

Anecdotario, capítulo 1: Orgullosos de nuestros clientes

Publicado el 02 de agosto de 2019 a las 07:00 por José Luis Cantalejo Seguí

En la última década, el sector financiero español (y mundial) ha vivido una crisis sin precedentes, que puede analizarse desde múltiples vertientes y que ha afectado a todos los aspectos del negocio bancario. Pero si tuviéramos que ponerle un apellido para definir mejor su carácter, sin duda alguna tendríamos que hablar de una “crisis de reputación”, la peor de las crisis que puede sufrir un sector, una empresa y, si me apuran, incluso una persona.

Cuando hace ya siete años Bankia se convirtió en el epicentro de la crisis bancaria en nuestro país, sus profesionales se vieron apuntados por el dedo acusador de la sociedad, lo que, por otra parte, era entendible a la vista de algunas de las conductas que empezaron a salir a la luz pública. Y, por muy injusto que pudiera resultar, lo cierto es que terminaron pagando justos por pecadores y muchos honrados y esforzados profesionales de la banca sufrieron en sus carnes la afilada daga de la "mala reputación".

Por ello, desde la Dirección de Comunicación Interna de Bankia entendimos que debíamos poner toda la carne en el asador para contribuir a recuperar la maltrecha "moral de la tropa".

Fueron muchas las iniciativas que, tanto desde la Dirección de Personas como desde la Dirección de Comunicación, se pusieron en marcha con tal propósito. Y una de ellas fue la de poner a disposición de todos los profesionales de Bankia un apartado de la revista interna online en el que pudieran compartir con todos sus pequeñas historias humanas y emocionales del día a día.

Así nació el ‘Anecdotario' y a tenor de las historias que allí se iban publicando, pronto nos dimos cuenta de que en Bankia atesorábamos un activo potentísimo que, tal vez, el estallido de los rayos y truenos de la crisis nos impedía ver con claridad.

Ese tesoro no era otro que nuestros clientes que, en su inmensa mayoría y pese al ruido mediático y ambiental, permanecieron fieles a su gestor de la oficina, a esa persona que, más allá de los reintegros, la hipoteca o el fondo de inversión, le ofrecía su escucha y su comprensión desde mucho tiempo atrás. 

PASTELES PARA LEVANTAR EL ÁNIMO

Las anécdotas, tiernas algunas, desternillantes otras, emotivas todas, se fueron sucediendo y nos permitieron conocer, por ejemplo, a esos dos clientes que, sin relación alguna entre ellos, se presentaron el mismo día en una oficina del madrileño Barrio del Pilar para llevar uno una bandeja de pasteles, la otra una caja de bombones, no por nada en concreto, sino para animarnos un poco la cara "con todo lo que estábamos sufriendo" y para que supiéramos que estaban con nosotros. El equipo de la oficina añadía en el texto que publicaron: "hay clientes a los que habría que poner una medalla. Deberíamos hacer un anuncio dando las gracias a los que están aquí con nosotros y no hacen caso a todo lo que sale publicado en la prensa".

Los nervios, y quizás las prisas, de aquellos momentos llevaron también a situaciones cómico-conflictivas entre los propios empleados, como en el caso de aquella ayudante de dirección que confirmó por teléfono a la mujer del director que su marido estaba en una "cita con Miss España", cuando en realidad lo que le había confirmado su jefe es que aquella mañana se reunía con "Visa España". El hombre se sorprendió cuando, al llegar a casa, su mujer se interesó mucho sobre su trabajo del día, preguntándole que si había quedado satisfecho de su reunión de la mañana.

Y cómo olvidar a un excelente cliente, agricultor, en la historia que publicó en el anecdotario el director de una oficina de Ciudad Real: "Recuerdo la anécdota de cuando en las oficinas cobrábamos las tasas de las ITV de tractores agrícolas. Un día, vino un agricultor a pagar la misma y le pedimos "la matrícula del tractor", a lo que el cliente contestó: "No señor, no la tengo, pero voy a casa y en un momento estoy aquí de nuevo". Pasado un tiempo, se presentó de nuevo el cliente con la placa de matrícula en la mano indicando: "No sabéis lo que me ha costado quitarla, estaban todos los tornillos oxidados".

Desde entonces hasta la fecha, más de 700 historias cotidianas publicadas en primera persona por los empleados de la entidad y que constituyen, en realidad, un homenaje a quienes nos han acompañado durante estos años complicados y han permitido que Bankia se haya convertido en un proyecto de futuro, ilusionante y motivador: nuestros clientes. En Bankia estamos muy orgullosos de ellos.

SOBRE El AUTOR

José Luis Cantalejo Seguí, director de comunicación interna de Bankia

Este es el primer post de la serie "El anecdotario de Bankia", una visión amable y divertida del día a día en nuestras oficinas. En el próximo capítulo: "La compleja jerga bancaria".

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2 comentarios

05 de agosto de 2019 a las 17:20Ángeles Martin
Me gusta muchísimo el Blog de Bankia ¡y más en verano! ¡Felicidades por hacernos pasar estos buenos ratos!
05 de agosto de 2019 a las 10:27Patricia
No podemos tener mejor primer autor. Es un placer leerle y tenerle entre nosotros.
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